Entradas

  Si sé que él no se va a quedar, ¿por qué lo cuido? Si sé que no necesita mi calor, ¿por qué lo abrigo? Si sé que sus ojos jamás me han de mirar, ¿por qué lo admiro? Si sé que mi corazón está en riesgo, ¿por qué lo castigo? Si sé que al final me voy a ahogar, ¿por qué no nado? Si sé que el viento destruirá todo a su paso, ¿por qué le abro? Si sé que jamás lo haré soñar, ¿por qué deliro? Si sé que sus labios no me besarán, ¿por qué lo ansío? Si sé que el fuego me consumirá, ¿por qué lo crío? Si sé que sus manos jamás me tocarán, ¿por qué lo mendigo? Si sé que nunca me leerá, ¿por qué le escribo? Si sé que en mi jardín no florecerá, ¿por qué rocío? Si sé que su cuerpo nunca ha de ser mío, ¿por qué lo aspiro? Si sé que voy a tropezar, ¿por qué persigo? Si sé que no me espera, ¿por qué aquí sigo? Si sé que el olvido es el destino, ¿por qué resisto?

La mudanza.

Imagen
  Me resulta difícil empacar, porque nunca sé responder a la pregunta: “¿Qué he dejado de necesitar?”. Y es que en el fondo de mi corazón, ansío que los objetos impregnados a mis recuerdos sean indestructibles, inagotables e imperdibles, porque me transportan a rincones muy recónditos y cálidos de mi alma.   Pero ahora he decidido mudarme a una casa de fachada amarilla y tejas de arcilla, no es muy grande y aún no encuentro una mesa donde poder esparcir las fotografías que conservo de nosotros, así que todavía las mantengo en sus marcos originales, pero las he metido en una caja; honestamente, temo que se pongan celosas y se maltraten a propósito, eso le agregaría otro rasguño a mi corazón, porque no me atrevo a olvidarte.  La luz de esta nueva casa es blanca como la de los hospitales, es horrible, ¿verdad? Yo también prefiero la calidez, y hablando de eso, ¿qué te parecería un café? Compré una nueva cafetera, pero aún no hago la despensa, entonces no tengo azúcar… ni caf...

carta.

Imagen
  Frida, mi amor: Todavía estoy flotando. No puedo creer que finalmente nos reencontramos, que pudimos vernos y abrazarnos. Ay, Fridita, ¡estoy emocionado! Tú dijiste que no era posible congelar el tiempo, y aunque sé que tienes razón, no perdía nada con intentarlo. Por eso, cuando ayer por la tarde me preguntaste “¿por qué te detienes?” y entonces seguí caminando, la realidad es que te estaba congelando. Cerré los ojos, apretando con fuerza los párpados, para mantenerte cerca de mis recuerdos cuando dijéramos adiós. Fridita, ojalá pudiera explicarte cuánto te amo. Quisiera describirte cómo fue para mí volver a verte, sentí tanta calma en mi interior, y casi puedo jurar que estaba tan mareado que veía corazones y flores flotando a tu alrededor. Creo que todavía estoy enamorado, aunque me la pase intentando convencer a mi mente de que ya eres pasado. Y entonces llegó el momento, te acercaste a mí con ritmo lento, mis ojos vieron las estrellas y dentro mío algo con intensi...

Para ser honesta.

Imagen
 Para ser honesta no me gusta este juego, porque vienes y destruyes mis cimientos con tu fuego y después te marchas pretendiendo que no tiene arreglo. Para ser honesta ya no creo en tus te quieros; los adornas con azúcar y los pintas como sueños, para que cuando entren a mis oídos me arrodille ante ti y cuando al fin lo conseguiste das media vuelta y finges que nunca estuviste aquí. Para ser honesta los silencios ya no aturden, ya no queman tus ausencias y las heridas que dejaste transmutaron a cicatrices que ya no duelen si no estás, así que ya no puedes herirme más. Para ser honesta ya no siento vacías mis manos sino te sostengo, he aprendido a abrazarme a mí, así que cuando hace frío en invierno, ya no deseo tenerte aquí. Para ser honesta ya no deseo que toques a mi puerta y me traigas flores, he roto al fin los floreros y comencé a crear un huerto que riego muy seguido con anhelos. Para ser honesta ya no lloro hasta quedarme dormida, mi corazón aún respira y la vida sigue siend...

El último cielo.

03 Mayo, 2021.  Amor mío, mi amor: Siempre te escribo cartas cuando voy de vuelta a casa, porque me encanta mirar tu sonrisa cuando me ves cruzar la puerta que a diario rechina. No imaginas cuan feliz me hace que me recibas con los brazos abiertos aunque te estés muriendo de sueño porque ya es media noche y por la mañana debes despertar temprano para continuar persiguiendo tus sueños. Tú me das vida y me gusta recordártelo porque no sé cuándo será el día que no pueda decírtelo más. ¿Te cuento algo? Hoy, mientras comía el almuerzo delicioso que tu madre preparó para mí, charlaba con mis compañeros sobre lo orgulloso que me haces sentir. Tú eres esa luz que ilumina mis días de oscuridad, eres como el agua calentita del café de olla que tomamos los domingos mientras vemos televisión en familia. Estoy feliz de saber que siempre nos entiendes, ojalá pudiera darte más, ¡todo lo que mereces! Porque mereces mucho, mi amor, y estoy seguro de que podrás conseguirlo porque eres una mujer muy ...

Te quieren.

 Recuerdo aquellas veces que quise hablarte de las estrellas mientras esperaba bajo el cielo poder ver una lluvia de ellas, respondías desinteresado a mi euforia, me hacías sentir que te aburría, que mi charla era tediosa; sin embargo, yo no podía evitar seguir viendo tu rostro entre los brillantes lunares del cielo.  Te envié una lista entera de canciones que me hacían pensar en ti, la escuchaba todo el día para sentirte cerca, hasta que un día me di cuenta que tú ni siquiera oíste alguna de ellas, cuando te pregunté cuál de todas te recordaba a mí y no supiste mencionar al menos una. Cuando el cielo se teñía de rosa tomaba fotografías para ti, deseaba saber si tú, al mirarlo, también pensabas en mí, pero siempre que quería enviarlas imaginaba que tal vez, para ti sería absurdo y preguntarías como siempre: "¿por qué querría ver una fotografía cuando puedo verlo desde aquí? En dónde vivo también hay cielo." Durante semanas enteras me dediqué a escribir un montón de poemas par...

La última vez.

 Dicen que siempre duele más decir adiós cuando quien se va no te explica por qué lo hace, cuando te dejan esperando el día entero por un mensaje, una llamada, una señal, algo que te haga entender por qué se van y no volverán.  ¿Cuántos días llevamos lejos? Es que ya perdí la cuenta. Ya no soy más que una silueta que deambula por los pasillos de esta casa tan vacía sin ti; a veces me pregunto si todavía existo, si soy más que una sombra proyectada en las paredes o si me he convertido en un maniquí. Todo el día pienso en ti. Mi vida entera es ya una rutina: despierto, tú, observo el techo, tú, la ducha, tú, el desayuno, tú, abrir la ventana, tú, regar las plantas, tú, la comida, tú, el atardecer, tú, leer un poco, tú, cafeína, tú, cerrar la ventana, tú, la cama, tú, insomnio, tú, el sueño, tú. He olvidado cómo se siente la vida sin ti. Es curioso hablar de esto, sabiendo que nunca te tuve y aun así puedo sentir que te perdí. Aquí adentro se siente como un incendio que no puedo ...