El último cielo.

03 Mayo, 2021.

 Amor mío, mi amor:

Siempre te escribo cartas cuando voy de vuelta a casa, porque me encanta mirar tu sonrisa cuando me ves cruzar la puerta que a diario rechina. No imaginas cuan feliz me hace que me recibas con los brazos abiertos aunque te estés muriendo de sueño porque ya es media noche y por la mañana debes despertar temprano para continuar persiguiendo tus sueños.

Tú me das vida y me gusta recordártelo porque no sé cuándo será el día que no pueda decírtelo más.

¿Te cuento algo? Hoy, mientras comía el almuerzo delicioso que tu madre preparó para mí, charlaba con mis compañeros sobre lo orgulloso que me haces sentir. Tú eres esa luz que ilumina mis días de oscuridad, eres como el agua calentita del café de olla que tomamos los domingos mientras vemos televisión en familia. Estoy feliz de saber que siempre nos entiendes, ojalá pudiera darte más, ¡todo lo que mereces! Porque mereces mucho, mi amor, y estoy seguro de que podrás conseguirlo porque eres una mujer muy fuerte, muy valiente e inteligente. Y como siempre te digo, mientras yo esté aquí contigo, nada te faltará, yo seré tu guía, tu apoyo y tu abrigo.

Ya quiero llegar a casa para poder escucharte hablar sobre las peripecias de tu día y ver tus ojitos brillar mientras me miras. Ya quiero llegar a casa para poder abrazarte fuerte y volvernos cómplices para hacer a tu madre llorar de la risa con una guerra de cosquillas de esas que sólo tú y yo sabemos dar. 
¡Te extraño! Todos los días, a todas horas, todo el tiempo. 

¡Antes de que se me olvide! Quería contarte también que hoy vi un atardecer muy bello, de esos que me transportan hacia a ti; se iluminó cada rincón de la ciudad con esa luz cálida y tenue que viene al final de los días ruidosos y ajetreados, y en este momento, mientras viajo de vuelta a ustedes con los párpados cayéndome sobre los ojos, me detengo a pensar un momento en que todas las personas que abordaron este tren, también van de regreso, para reunirse con sus familias, sus amigos o sus mascotas, llevándoles buenas o malas noticias, pero con la esperanza de que una palabra de aliento o una caricia repare esas ilusiones que a veces, otros, rompen. Tú eres quien repara las mías.  

Ya falta poquito para vernos. Quisiera que el tiempo pasara más rápido, y más hoy que se acabaron mis datos y no he podido saber de ustedes durante todo el día; la incertidumbre también me agobia, el no saber si has comido, si sacaste a pasear a Tito o si acompañaste a tu mamá al mercado. Pero ya casi, mi amor, ya casi puedo mirarte y decirte una vez más en persona que...



... te amo.

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