La última vez.
Dicen que siempre duele más decir adiós cuando quien se va no te explica por qué lo hace, cuando te dejan esperando el día entero por un mensaje, una llamada, una señal, algo que te haga entender por qué se van y no volverán.
¿Cuántos días llevamos lejos? Es que ya perdí la cuenta. Ya no soy más que una silueta que deambula por los pasillos de esta casa tan vacía sin ti; a veces me pregunto si todavía existo, si soy más que una sombra proyectada en las paredes o si me he convertido en un maniquí.
Todo el día pienso en ti. Mi vida entera es ya una rutina: despierto, tú, observo el techo, tú, la ducha, tú, el desayuno, tú, abrir la ventana, tú, regar las plantas, tú, la comida, tú, el atardecer, tú, leer un poco, tú, cafeína, tú, cerrar la ventana, tú, la cama, tú, insomnio, tú, el sueño, tú. He olvidado cómo se siente la vida sin ti.
Es curioso hablar de esto, sabiendo que nunca te tuve y aun así puedo sentir que te perdí. Aquí adentro se siente como un incendio que no puedo apagar con el mar de lágrimas con que inundo el suelo. Ya sé que crees que miento, eso siempre ha sido así, esa siempre será mi condena y tu boleto de huida para no escuchar lo que quiero decir.
¿Cuántas veces te he escrito que voy a dejarte ir? Ya no puedo recordarlas, han sido tantas y en todas esas cartas siempre escribo lo mismo, que voy a borrarte, que voy a arrancarte, que no pensaré más en ti. Y créeme que lo intento, pero todo me recuerda a ti y por más que pretendo evadir esos pensamientos, siempre vuelves, siempre vienes y te instalas de nuevo aquí. Conoces el poder que tienes sobre mí, por eso te marchas cuando ya te has aburrido y regresas porque sabes que siempre tendré un lugar para ti, porque te amo con todas mis fuerzas y en el fondo, nunca he querido dejarte ir.
Tus labios no lo han dicho, no lo has pronunciado, pero sé que este silencio es una despedida real, sé que te has ido, que has cerrado ya las puertas y que no mirarás atrás. Sé que alguien más te espera, que ahora sueñas con otras manos, que escuchas otra voz y ella algo dentro de ti encendió. Está bien, te prometo que no intentaré explicar más nada, no volveré a escribirte ni una sola palabra, no estaré esperándote, no tocaré tu puerta, no llamaré a media noche para preguntar cómo estás, porque sé que estarás bien, sé que sonreirás, que encontrarás paz y felicidad, todo lo que yo jamás pude entregar. Y lo mereces, realmente lo mereces.
Tú siempre serás la luz apagada, esa parte en mí que todos los demás querrán borrar, quien me enseñó a mirar a través de la oscuridad, con quien, a pesar de estar ciega, me atreví a mirar. No espero que la vida nos haga coincidir de nuevo, no deseo que me recuerdes, no anhelo volver a verte. Sé que un día despertarás y no estaré más, eso será lo mejor, se marchará todo el dolor y sentirás que tu alma respirará cuando tu mente me entierre en la profundidad.
Te amé, te amo y te amaré toda mi existencia con todo mi ser, aunque este sea nuestro final.
Comentarios
Publicar un comentario