Te quieren.
Recuerdo aquellas veces que quise hablarte de las estrellas mientras esperaba bajo el cielo poder ver una lluvia de ellas, respondías desinteresado a mi euforia, me hacías sentir que te aburría, que mi charla era tediosa; sin embargo, yo no podía evitar seguir viendo tu rostro entre los brillantes lunares del cielo.
Te envié una lista entera de canciones que me hacían pensar en ti, la escuchaba todo el día para sentirte cerca, hasta que un día me di cuenta que tú ni siquiera oíste alguna de ellas, cuando te pregunté cuál de todas te recordaba a mí y no supiste mencionar al menos una.
Cuando el cielo se teñía de rosa tomaba fotografías para ti, deseaba saber si tú, al mirarlo, también pensabas en mí, pero siempre que quería enviarlas imaginaba que tal vez, para ti sería absurdo y preguntarías como siempre: "¿por qué querría ver una fotografía cuando puedo verlo desde aquí? En dónde vivo también hay cielo."
Durante semanas enteras me dediqué a escribir un montón de poemas para que pudieras leer entre esas letras todo lo que significabas para mí. En cada uno me encargué de dejar señales, para que supieras que eran para ti, pero una noche, durante una borrachera de emociones me decidí a preguntarte si habías leído alguna vez lo que te escribí, dijiste solamente: "no los leí, porque no creí que fueran para mí"; ahí entendí que no es que creyeras que eran de alguien más, sino que, jamás te interesó averiguar.
Cuando hablábamos y preguntaba cómo había estado tu día decías simplemente "bien", yo intentaba hablar contigo sobre los sueños, las travesuras de pequeños, las películas favoritas o la receta del pastel de queso, y decidías desaparecer durante un montón de días, mientras yo esperaba con ansias que quisieras volver.
A veces pensaba en ti todo el tiempo, me preguntaba qué hacías, si sonreías, si aún vivía mi recuerdo en tu pecho. La eterna incógnita del amor no correspondido, del que quiere cascadas de amor pero no quiere devolver ni una gota del mismo. Te escribí cartas que no respondiste, recibí llamadas cuando estuve a punto de irme, porque sólo así querías regresar, cuando sentías que al fin estaba decidiendo marchar.
¡Qué agonía! ¡Qué locura! ¡Vaya mierda!
Nunca hubo flores en mis floreros
y las de los árboles, también se murieron.
La luna siempre fue mía,
pero me hubiera gustado sentir que pensabas en mí cuando la veías.
Tú nunca quisiste quedarte, nunca te interesó amarme,
solamente te gustaba saber que existía alguien
que contaría los granos de arena en el mundo
por ti,
que había alguien que estaba dispuesta a
sanar tu cicatriz,
tu alma.
Nunca me quisiste, sólo querías que yo
te quisiera,
me querías cerca
para absorber todo este amor que yo sentía.
¡Qué ilusa! ¡Qué ironía!
Ahora que puedo ver, que he dejado de ser ciega,
que ya no me duele tu amor,
que ya no me quemas;
ahora que no te recuerdo tan a menudo,
que casi te arranco,
que ya no te espero,
que ya no te sueño ni te reclamo,
ahora que ya no eres
que ya no dueles ni hieres,
ahora sí, puedo decir
cuando alguien te quiere, se nota mucho,
hay interés, hay pasión, hay apoyo, emoción, las ganas existen, también hay paciencia, hay gratitud, hay amistad, complicidad, locura, respeto y claridad;
cuando alguien no te quiere
sólo hay
de dos:
te quieren cuando te están perdiendo
y vuelven cuando ya te has ido.
Comentarios
Publicar un comentario