A la Luna.
PARA LA CHICA QUE ESTUVO AQUÍ ANTES QUE YO.
Querida Luna:
Sé que has estado aquí antes que yo, que viste brotar las flores en la primavera y que te congeló las pestañas el invierno.
Sé que has estado aquí antes que yo, que te quemaste las manos con el fuego de su amor, que conoces perfectamente el sonido de su voz y que a cualquier parte que vayas lo llevarás tatuado en el corazón.
Sé que has estado aquí antes que yo, que más de mil veces armaste el rompecabezas en el que se convierte cuando algo lo rompe, que sabes bien que su piel tiene un sabor agridulce en enero y que con sus caricias sobre tu cuerpo te transporta al infierno.
Sé que has estado aquí antes que yo, que tienes un álbum lleno de sus recuerdos, que guardaste cada uno de los pétalos que marchitó y que el sabor de sus besos se mantiene latente en tu interior.
Querida Luna, sé que has estado aquí antes que yo, he notado tu ausencia en las canciones que escucha, en los relatos de su juventud y en las cosas que hacemos que aún le transportan hasta ti. Sé que has estado aquí antes que yo, porque aunque a veces finge que se sube al tren del olvido, se baja en la penúltima estación.
Tienes razón, no sé nada de su relación, porque yo no estuve aquí antes, como lo estuviste tú. Conozco las heridas de su cuerpo, porque he besado cada rincón, pero no sé por qué surgieron, sólo sé quién las causó. Imagino que tú también tienes un montón.
Quizá piensas que te escribo esta carta para decirte que te perdiste de un gran amor, que dejaste ir a un hombre incomparable y que soy afortunada porque ahora estoy yo, pero no es así. Te escribo esta carta para agradecerte, porque todo lo que ahora tengo en él, te lo debo a ti.
No sé a qué hombre conociste tú, pero el que está conmigo riega con cariño las raíces de mi alma, me escucha y me transmite calma y cuando tengo miedo me abraza con fuerza y puedo sentir lo mucho que me ama.
Estoy feliz, querida Luna, porque gracias a ti amo a una persona que se roba las flores de los jardines por mí, que me escribe poemas en el cielo y que apaga las luces del mundo para verme sonreír.
Gracias por haberle enseñado a besar unos labios, a abrazar un cuerpo, a tocar una piel, a tomar una mano, a preparar el café; gracias por las cicatrices que puedo besar, gracias por enseñarle lo que a nadie más le permitirá, porque ahora es un hombre más fuerte, libre, valiente y sabio, dispuesto a sanar.
Sé que él te piensa a veces aunque no me lo diga, sé qué significan sus silencios al medio día, porque sé que te amó, pero se fue porque dolía. No me molesta que piense en ti, incluso acepto que aún te quiere, sería inocente de mi parte pensar que en el momento en que llegué se olvidó de lo que pasó antes de mí. Sé que no va a amarme como te amó a ti. Y le doy gracias al cielo de que sea así, no tendría sentido que nos amara de la misma forma, porque tú y yo no somos iguales.
No sé cuánto durará lo nuestro, para serte honesta, ni siquiera aspiro a que se vuelva eterno. Pero te prometo que lo amaré por las dos con toda la fuerza de mi corazón; me quedaré despierta para cuidar su sueño, le haré el desayuno, le compraré flores, bailaré en las reuniones y le contaré secretos; haré todo aquello que te faltó a ti, y de vez en cuando haré que te recuerde, para que no te vuelvas una figura gris deambulando en los pasillos de su mente. Intentaré en los días que esté junto a mí, que mi nombre se vuelva huella y no cicatriz, para que no me recuerde como un amor que no volvería a permitir.
A ti te deseo a una persona entera, que antes de ti no exista nadie, para que te quiera un corazón completo y ojalá esta vez sepas así mantenerlo. Te deseo a alguien que cierre los ojos inconscientemente cuando te bese, que te escriba cartas y las ponga junto a tu almohada para cuando despiertes; que ame tu cabello y tus ojos perpetuos, que se quede junto a ti cuando estés sufriendo. Y a él le deseo que tenga la misma suerte que yo, porque ocupará el lugar de alguien que te marcó. Que le puedas corresponder, que no lo compares y que realmente lo quieras, para que se sienta tan feliz como me siento yo.
Te deseo la misma paz que siente el hombre que yo amo desde que no estás. Y gracias, querida Luna, por haber estado aquí antes que yo, porque ahora el sol brilla para nosotros dos.
Con gratitud,
la chica después de ti.

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