De Enero a Diciembre.

 A veces cierro los ojos y sueño que aún estás aquí,
no sé cómo explicártelo,
es complicado imaginarte
y saber que te perdí. 

Si me lo preguntas, aquí adentro está helando
y siento que fuimos como una triste estrella fugaz pasando,
andando por un cielo que aún existe,
pero que se extinguió para mí cuando te fuiste.

Llevo en mi memoria nuestros atardeceres juntos,
la complicidad de nuestras almas,
la vehemencia de nuestra llama
y el recuerdo de ti bailando antes de irnos a la cama.

Me pregunto cuándo fue que todo se derribó.
¿Cuándo nos volvimos cenizas?
¿Cuándo comenzaron a agotarse nuestros días?
¿Cómo fue que todo terminó?

Cuando miro por la ventana puedo ver nuestros recuerdos,
ya no quedan cosas buenas,
pero aún así lo intento,
llevo aquí dentro un motivo muy grande para aferrarme a ti y lo nuestro.

Quizá sólo estás confundido y tienes miedo,
yo sé que aún quieres estar conmigo, que no te he perdido;
Noviembre estuvo podrido,
Diciembre no tiene sentido,
quisiera retroceder a Enero cuando nos conocimos,
para fundirnos juntos mientras dormimos
y no tener que conformarme con sólo soñar contigo.

Volvamos a conocernos,
te prometo que esta vez será lento,
subamos a la azotea a mirar las estrellas junto al silencio,
prepárame el desayuno y cuéntame tus secretos,
abre tu corazón que quiero hospedarme dentro;
podría funcionar, podemos intentar.

Mírame a los ojos, recuerda por qué me amas,
plantemos girasoles al rededor de estas palabras,
yo siempre fui tu amiga y tu encendiste mi vida,
ayúdame a regar este desierto que no sé dónde termina,
caduquemos la sequía,
vamos a inventarnos una nueva utopía,
ya no quiero más lágrimas, soledad ni lejanía,
estoy cansada de contar los días para volver a verte y que me digas
que lo nuestro no está funcionando,
que no lleve a mi futuro nuestro pasado,
que nos hemos roto mientras yo intento remendarnos;
¿cómo hiciste para clausurar nuestros besos frente al mar?
Dime el secreto, porque si no vas a volver
yo también te quiero arrancar. 

Te lo he pedido tanto que ya me siento muda,
nunca hay respuesta, 
sólo quedan dudas,
¿cómo acabo esta agonía?,
¿cómo vuelvo a ser mía?,
¿qué antídoto debo tomar?,
¿cómo consigo olvidar?

Lo haces ver tan fácil
cuando dices que yo te confundo,
que mis palabras no tienen sentido
y que siempre nos hundo.
¿Por qué no puedes aceptar que eres tú quien no se va?
El que deja la puerta abierta,
el que se cuela por las rendijas del ventanal,
el que no sabe aceptar
que no se quiere quedar

y aún así
a quien
no dejo de esperar.

 



Comentarios

Entradas más populares de este blog

La mudanza.

A la Luna.

La última vez.