Alzheimer.

Hace ya mucho tiempo que te fuiste, he perdido la cuenta de los días que han pasado, he brindado en tu ausencia y te he llorado, las peonias que plantamos juntos se marchitaron y desde entonces no me he atrevido a mirar el amanecer ni a soltar el pasado.

No quiero decir que me estoy aferrando a lo que sentí alguna vez a tu lado, pero para ser honesta no te he borrado. Camino por las calles de vez en cuando, y no existe algo que no me arrastre de vuelta a ti. Cuando alguien me pregunta a dónde te has marchado, finjo demencia y callo, pretendo que no he escuchado y me alejo de allí.

Te encuentro sin buscarte en los rostros ajenos, en las muecas de la gente y los lunares en sus rostros, imagino tu sonrisa debajo de distintos ojos y recuerdo tu cuerpo cuando veo danzando a otros. A veces siento que ya sólo eres eso, una recopilación de extraños, te he recreado en tantos torsos que ya casi te desconozco.

A menudo me pregunto si de verdad existes o si sólo te he inventado, quisiera creer que eres algo que imagina mi mente, como un espejismo o una ilusión, pero no es así. Eres como una sombra que cuelga sobre mi espalda y me mantiene atada aquí, y aunque pretendo caminar mi cuerpo no avanza; vivo estancada en los recuerdos y financio un dolor que no consigo remover de mi corazón. Si no fuera por eso, que se siente tan real, quizá ya te habría logrado extirpar.

Sólo espero que tú ya me hayas olvidado, que hayas podido deshacerte de mí, que ya no recuerdes mi aroma ni mis manos, que hayas encontrado refugio en otros brazos. Y deseo que la remembranza de nuestros días juntos se haya esfumado, que a ti no te atormente el insomnio, que duermas tranquilo y que nada te haga daño. 

Quisiera tener la certeza de que ya no existo para ti, que jamás vas a leer esto y que nunca, ni aunque sea un segundo piensas en mí. Pero en vez de eso, te concibo soñando que algún día no muy distante volveremos a encontrarnos. Y anhelo que tú también sientas lo que yo, que te hago falta, que me extrañas, que la vida no es vida desde que estamos lejanos y que me amas tanto como yo lo hago.

Pero te conozco,
aunque sea un poco,
te he visto,
te he desarmado,
te he creado,
te he dibujado,
te he reinventado,
y sé que no volverás, ni aunque llueva y se inunde la ciudad, ni aunque haya un incendio y me vuelva cenizas, ni aunque se seque el mar. 
Lo sé,
sé que no vendrás, que te gusta estar sin mí,
que ya no extrañas mi piel ni mis labios,
que has olvidado mi rostro y el color de mis ojos,
que no volverás a llamarme ni a buscarme,
porque para ti es importante enterrarme.
Y está bien, así es mejor,
así encontrarás lo que estás buscando,
un continente,
una galaxia,
un corazón acrisolado.

¿A quién le estoy escribiendo? Te preguntarás, pero la verdad ya lo he olvidado, sólo sé que era a un amor del que todavía no sano.



Comentarios

Publicar un comentario

Entradas más populares de este blog

La mudanza.

A la Luna.

La última vez.