Perdón, corazón.
Te juro que no fue mi intención, jamás supe que dolería así el amor; siempre creí que no tenías memoria, suponía que para ti era fácil olvidar historias, que no iban a importarte los veranos de nieve y los inviernos de sol, pero me equivoqué, y lo siento, corazón.
No sabía que por las noches me mantendrías despierta pensando en alguien que ya no me piensa, no tenía idea de que una persona podía herirte tanto, que iba a arrancarte de los ojos la primavera y en su lugar te pondría ciclones y tormentas. Misericordia, corazón.
Yo creí que desde que él llegó la vida se teñiría todos los días de color, que el miedo ya no existiría y que la valentía se apoderaría de los dos. Me sentía dentro de un caleidoscopio de amor, veía destellos y vivía la ardiente pasión. ¿Cómo podría imaginar que al final nos romperían a los dos? Clemencia, corazón.
Yo sentía bien dentro la fuerza de tus latidos y sabía que sonreías cuando sentías mis suspiros, cualquier ventisca nos desnudaba, cualquier palabra nos enamoraba. Era todo como vivir en una nube de algodón, soñábamos, flotábamos, desconocíamos que era un error. Si hubiera sabido su intención, te juro que le habría dado otra dirección. Indulgencia, corazón.
De pronto comencé a notar su ausencia y a advertir su indiferencia y sentía que te apagabas aunque viviéramos en una hoguera. Los besos se volvieron amargos y sus manos ya no tomaban mis manos.
Intenté salvarnos, pero al pretender mantenerlo cerca sólo lograba que la brecha creciera. La distancia era poca, pero simulaban kilómetros de lejanía, y así supe que te perdería. Piedad, corazón.
Nunca sospeché que su amor se extinguiría, que un día iba a despertar y todo lo que sentía se marcharía. Creí que lo nuestro era una tregua, que él también soñaba con inmortalizarnos, que miraba el cielo y nos imaginaba volando; pero nos enfriamos, el viento nos remolcó, las caricias se extinguieron y la despedida nos caducó. Fui ingenua. Compasión, corazón.
Ya lo había escuchado tantas veces, pero nunca me atreví a creerlo, que así duele, que te quema, que te entumece, que te carcome por dentro, que llega un momento en que el aire se acaba, que te mueres, que te desarmas; que la despedida siempre es eterna e inhumana. Pero me volví sorda y me lancé al vacío, creyendo que me sostendrías mientras caía dentro del abismo. No imaginé que podrías soltarme, hasta que me vi sin alas, sin paracaídas y sin amante.
Lo siento, corazón, limpiaré el desastre, cuidaré de ti, enmendaré el daño, me desharé del dolor. Sé paciente, las heridas aún están frescas, pero nada está perdido, yo consumaré el perjuicio. Y volverás a amar, lo prometo, conserva tus latidos.
Mientras tanto, perdón, corazón.
Fue mi culpa, fue mi error.

Tu admirador ☕
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