Carta 2.
Miércoles, Junio 10.
Fridita, mi niña.
Otro día eterno sin ti.
Hoy desperté muy temprano sólo para darme cuenta de que otra vez no amaneciste a mi lado. La ducha es silenciosa, ya no bailo, entro y salgo porque siento que mientras más tardo te me borras de la piel más rápido. ¿Por qué no es tan fácil borrar también del corazón?
Siento dentro un tsunami, Fridita, que arrasa con todo. Me ahoga despacito y no puedo detenerlo; no he parado de llorar, pero ni siquiera esa lluvia me deja respirar.
Por la tarde estuve a punto de llamarte, vi el atardecer por la ventana y pensé en aquellos cinco minutos que compartíamos cada día mientras nos besábamos con alegría y olvidábamos que el resto del mundo existía. ¿Te acuerdas? ¡Como quisiera que fuera invierno para morir de frío y no de ausencia! Mi mano sobre tu mano, mi boca sobre tu boca y nuestros corazones al unísono palpitando. ¡Que se vaya ya la primavera con sus flores! Y que regreses tú.
Tengo unas preguntas para ti: ¿todavía vistes de negro?, ¿todavía te gusta enero?, ¿todavía piensas en mí?
Hoy no hay mucho que contar, mi niña, sólo que aún no aprendo a caminar sin ti, que ahora vivo en la grieta más grande de un corazón roto, que respiro aire pero siento que no vivo, que no me concibo sin tu boca en mi oído susurrando: te quiero, no me he ido.
Pero por ahora, eso es todo. Me voy a dormir, para soñar contigo.
Recuérdame, o sólo no me olvides.

Comentarios
Publicar un comentario