Convenio.

Desnúdame.

Y luego húndete en mi cuerpo, como si yo fuese el mar y tú un valiente marinero. 

Explora mi sombra y piérdete en mis senos, que el mundo duele menos cuando jugamos a querernos. 

No te pido que me ames o que me bajes las estrellas, sólo quiero acariciarte para llevarte yo hasta ellas. 

Acércate despacio, como si fueras a cazarme, voy a dejar que me atrapes y me conviertas en tu amante.

No temas lastimarme si la recompensa está en la conquista, seré tu amuleto y tu más grande desdicha. 

Deslízate muy lento sobre mis tenues colinas, imagina que soy yo quien saciará tu avaricia.

Pídeme cualquier cosa, que voy a complacerte, pero sujétame con fuerza y susúrrame qué sientes.

Seré tu cómplice mientras el cielo tú acaricias, voy a enseñarte a gritar mi nombre cuando te estés haciendo trizas.

Después de eso no tengas miedo, que no voy a llamarte; que visitamos el infierno, será nuestro secreto exorbitante.

Vístete.
Y luego 
vete.




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