Carta de renuncia.
México. Diciembre 10, 2019.
A quien corresponda:
Por medio de la presente le comunico que, por convenir así a mis intereses particulares, he resuelto dar por terminado, voluntariamente, el contrato que me unía con usted.
Renuncio a sus abrazos cálidos de media tarde en donde su cuerpo cobijaba a la perfección mis huesos y mi oído quedaba justamente a la altura de su pecho para escuchar latir su corazón en silencio. Renuncio a su risa escandalosa que retumbaba en las esquinas de nuestros espacios huecos. Renuncio al lunar más cercano a su boca que me provocaba siempre ganas de desgarrarle la ropa. Renuncio a sus manos tibias que calentaban las mías cuando la noche nos alcanzaba entre árboles y premisas. Renuncio al color de sus ojos atravesando mis murallas y averiando mis cerrojos para llevarse los despojos de un amor añoso que me dejó en ruinas. Renuncio a sus besos fugaces que nunca concluyeron en mi cama en primavera, a su distracción, a su dolor, a su eterno e incansable mal humor y a su pereza. Renuncio a la cicatriz en su codo que lucía asquerosa, a su superstición y sus palabras quejumbrosas, a su obsesión por los chocolates azules, su interminable aflicción y su actitud odiosa. Renuncio a su prudencia y discreción, a sus apuntes malos y sus calcetines de color. Renuncio a mi apetito de usted, a mi anhelo de escuchar su voz antes de ir a dormir, a los sueños que siempre hablan de mantenerle aquí. Renuncio a las canciones que le llevan impreso, a los libros de texto en los que siempre lo encuentro, a las migajas en la mesa de su aliento, a su locura y a su miedo. Renuncio a los atardeceres en donde tropiezo con su recuerdo, a la esperanza de nuestro reencuentro, a lo que nunca fuimos, a lo que nunca dimos.
Renuncio a usted porque lo quiero, porque no dejo de pensarle, porque sé que vive dentro, que aquí le llevo, que soy cautiva de sus roces, de las ganas feroces que aún tengo de usted, de que me estruje, que me aprisione. Renuncio a usted porque me pierdo en su mirada, en sus caricias, en su alma. Renuncio a usted porque lo extraño, pero no es mío, le pertenece a mi pasado. Renuncio a usted y a mí unidos, a nosotros dos jugando a ser niños, a amarnos sin piedad, a volvernos eternidad, a sentir que si no estamos juntos morimos.
Le manifiesto explícitamente que durante el tiempo que lo amé yo le di todo lo que fue mío, siempre estuve en riesgo de romperme el alma amándole y aunque el equipo de seguridad me fue otorgado, decidí saltar al vacío sujetándome únicamente de sus manos; así que se me adeuda un nuevo corazón en donde no resida usted, quisiera también borrarme la memoria y arrancarme este sentimiento que me ata a su ser. Por último, y en virtud de esta renuncia, me reservo el derecho de seguir amándolo en silencio y conservar las memorias de nuestros días contados dentro de mis alas rotas.
Así mismo le agradezco el amor que me obsequió, su comprensión y la superstición que ahora llevo colgando en el cuello. No lo olvido, ni lo haré, ni lo intento y si me necesita, siempre aquí estaré queriéndolo.
Me despido cordialmente.
El amor más fugaz con que ha tropezado.
A quien corresponda:
Por medio de la presente le comunico que, por convenir así a mis intereses particulares, he resuelto dar por terminado, voluntariamente, el contrato que me unía con usted.
Renuncio a sus abrazos cálidos de media tarde en donde su cuerpo cobijaba a la perfección mis huesos y mi oído quedaba justamente a la altura de su pecho para escuchar latir su corazón en silencio. Renuncio a su risa escandalosa que retumbaba en las esquinas de nuestros espacios huecos. Renuncio al lunar más cercano a su boca que me provocaba siempre ganas de desgarrarle la ropa. Renuncio a sus manos tibias que calentaban las mías cuando la noche nos alcanzaba entre árboles y premisas. Renuncio al color de sus ojos atravesando mis murallas y averiando mis cerrojos para llevarse los despojos de un amor añoso que me dejó en ruinas. Renuncio a sus besos fugaces que nunca concluyeron en mi cama en primavera, a su distracción, a su dolor, a su eterno e incansable mal humor y a su pereza. Renuncio a la cicatriz en su codo que lucía asquerosa, a su superstición y sus palabras quejumbrosas, a su obsesión por los chocolates azules, su interminable aflicción y su actitud odiosa. Renuncio a su prudencia y discreción, a sus apuntes malos y sus calcetines de color. Renuncio a mi apetito de usted, a mi anhelo de escuchar su voz antes de ir a dormir, a los sueños que siempre hablan de mantenerle aquí. Renuncio a las canciones que le llevan impreso, a los libros de texto en los que siempre lo encuentro, a las migajas en la mesa de su aliento, a su locura y a su miedo. Renuncio a los atardeceres en donde tropiezo con su recuerdo, a la esperanza de nuestro reencuentro, a lo que nunca fuimos, a lo que nunca dimos.
Renuncio a usted porque lo quiero, porque no dejo de pensarle, porque sé que vive dentro, que aquí le llevo, que soy cautiva de sus roces, de las ganas feroces que aún tengo de usted, de que me estruje, que me aprisione. Renuncio a usted porque me pierdo en su mirada, en sus caricias, en su alma. Renuncio a usted porque lo extraño, pero no es mío, le pertenece a mi pasado. Renuncio a usted y a mí unidos, a nosotros dos jugando a ser niños, a amarnos sin piedad, a volvernos eternidad, a sentir que si no estamos juntos morimos.
Le manifiesto explícitamente que durante el tiempo que lo amé yo le di todo lo que fue mío, siempre estuve en riesgo de romperme el alma amándole y aunque el equipo de seguridad me fue otorgado, decidí saltar al vacío sujetándome únicamente de sus manos; así que se me adeuda un nuevo corazón en donde no resida usted, quisiera también borrarme la memoria y arrancarme este sentimiento que me ata a su ser. Por último, y en virtud de esta renuncia, me reservo el derecho de seguir amándolo en silencio y conservar las memorias de nuestros días contados dentro de mis alas rotas.
Así mismo le agradezco el amor que me obsequió, su comprensión y la superstición que ahora llevo colgando en el cuello. No lo olvido, ni lo haré, ni lo intento y si me necesita, siempre aquí estaré queriéndolo.
Me despido cordialmente.
El amor más fugaz con que ha tropezado.

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