Saciando apetitos.
Déjame ser tu invierno, acurrucarme en tu pecho, clavarme en tu vientre, perderme en tu cielo. Déjame regar las semillas de tu ombligo, besar la cicatriz que tienes en la entrepierna, morder tus muslos, acostarme contigo. Déjame explorar en tus costillas, jugar con tus hombros, hacer polvo tus pesadillas. Déjame ser tu lluvia para inundarte los ojos, para limpiarte la calma, para penetrarte el alma, para quebrantar tus cerrojos. Déjame lamer tu cintura, saborear tu dulzura, comerme tus labios con amargura. Déjame ser tu almohada, atrapar tu silencio, tus lágrimas, tu calma. Déjame oler tu cabello, rasguñarte la espalda, sollozar en tu oído, desbaratarte las sábanas. Déjame ser primavera, plantarte poemas, explorar tus praderas, saborear tus caderas. Déjame ser el calor que multiplique tus suspiros, volver a tu aliento gemidos, avivar tus latidos. Déjame ser tu aflicción, aferrarme a tus músculos, rasgarte el corazón. Déjame ser tu media noche, desordenar tus recuerdos, despilfarrar tu futuro, descubrir tu lado oscuro. Déjame ser tu domingo, despreciar lo aburrido, quitarte el abrigo. Déjame ser tu excitación, tu dolor más profundo, tu caos seguro, tu daño inoportuno. Déjame llenar tu silencio, desabrocharte la camisa, montarme en tu repisa. Déjame ser tu comida, prepararte el postre todos los días, deleitar tu inquietud, acurrucarme en tu pena. Déjame ser verano, lamerte el cuello, rozar tu infierno, mimar tus tobillos, volverme tu sueño. Déjame subir de las puntas de tus pies hasta tu olvido, pasito a pasito, besito a besito, hasta encontrar el camino directo a tus gritos. Déjame recorrer con mis manos tus brazos, sujetar tu cabello, arrancarte los miedos. Déjame cumplir tus caprichos, desnudar tus manías, desalojarte la irá. Déjame quitarme el vestido, despedazar las bragas, evocar al desvarío. Déjame gritarte al oído, moverme contigo, vuela conmigo. Déjame ser tu otoño, mojarte las hierbas, descifrar tus entrañas. Déjame ser aquel sol que arrulla tu vida, para volver cálidas tus manos frías, déjame cumplir tus fantasías, suturar tus pesares, adormilar tus malestares. Déjame darte mis noches, saborear tus madrugadas, llevarte el desayuno a la cama. Déjame estar a tu lado, sin promesas ni contratos, déjame desordenar tu cuarto, desbaratar tu escritorio, hacernos pedazos. Déjame unir nuestros cuerpos, sin leyes ni pactos; cantarte canciones, escribirte poemas, estallar a ratos. Déjame ser tu delirio, coger tus martirios y hacer la paz contigo.
¿Aceptas?
¿Aceptas?

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