Buganvilias ausentes.

Querido amor inefable:

Me faltarán cielos rosados y gerberas inmarcesibles para pedirte que te quedes; terminaré de contar las estrellas antes de que dejes de dolerme; los huesos de mis piernas se volverán cenizas antes de que pueda dejar de amarte; las buganvilias marchitarán cuando logres alejarte.

No voy a excusarme tras estas letras para decirte que aquel sitio alberga mucho más que a dos niños soñando con un futuro que siempre será incierto. No intento que me escuches, que me leas o que puedas entenderme: aquella foto data del 11 de Agosto de este mismo año y el chico en el fondo lleva un libro en sus manos. No voy a decirte que no logré amarlo, yo me quedé con el lugar y él con los poemas de mi escritor amado, de mi pasado. Fue tomada un Junio 28 del 2016, cuando el cielo era gris y las lágrimas me cubrían la piel, y desde aquel día, ese fue mi sitio hermoso. Prometí tantas cosas en aquel lugar, mientras miraba a los árboles bailar con tanta intensidad, estando sola, viendo a las personas pasar y a las paredes cambiar su tonalidad. 

A veces nuestros corazones laten a destiempo, las nubes grises se nos cuelan en el cielo y no tenemos tiempo de hablar. A veces no nos damos cuenta de cuánto es que podemos lastimar.

He pasado dos primaveras pensando "¿por qué estás con alguien que no nota el color de tu cabello, cuando hay alguien que sabe hasta el número de tus pestañas?", se me han ido dos otoños imaginando que en cualquier segundo me rodearás con tus brazos y dejaré de ser sólo un sueño. He estado menos de mil quinientos diez días intentando arrancarme este inmenso miedo del pecho para correr a tu lado, he estado luchando contra estas ganas inmensas de mostrar mi lado más humano.
Ahora voy a decirte que gracias a ti lo he logrado, Abril es mi mes adorado, los niños ya no me parecen tan malos y cada día espero que amanezca para ver el cielo rosado. Sigo contando los días que aun conservan la esperanza de nuestra cita, ochocientos treinta y ocho a partir de ahora; estoy plantando semillas en mi alma, estoy regando mis sueños con tu calma. Las sinfonías suenan profundas y las olas de los mares se llevan las dudas; las manecillas del reloj siguen girando y las ráfagas de viento siguen olvidando.

No me han dolido las dudas, porque sé que soy yo quien ha marcido tu confianza. No me lastiman las tormentas en los párpados, la lluvia en los ojos o los tornados en las pestañas; no me importan las flores que se quedaron sin alma. Querido amor fugaz, sé que el mundo es inmenso y que escucharás un extenso repertorio de quizás; sé que vas a llorar, a maldecir y a abandonar; sé que es difícil luchar, y no te pediré que te quedes a intentar.

Las aves pueden volar tan alto como les plazca, el paraíso te aguarda y las estrellas te guiarán a casa; encontrarás un millar de nuevas historias y podrás besar a un centenar de mujeres grandiosas; te leerán poesía y volverás a escribir cartas; le encontrarás un nuevo significado a los coloridos días y el universo te premiará. Pero en algún lugar del infinito me encontrarás y yo te encontraré también; sin miedos, sin dudas, sin pasado; tan sólo unas inmensas ganas de amar y ser amados.

No quiero que me creas, no lo necesito. No quiero que me entiendas, no lo exijo. Quiero que me quieras y que empecemos de cero. Las buganvilias anhelarán tu regreso.

No es nuestro tiempo, pero algún día lo será. Me despido de ti, amor eterno, como suelo llamarte, por siempre.



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