Bosquejo de un amor imposible.
En mi habitación hay un viejo cuadro que mi madre compró en una tienda de antigüedades a un anciano hace varios años. Y todavía no puedo decirle adiós.
Eran las nueve de la noche de un Domingo frío de Julio, la tormenta se apoderó del cielo y del infierno y nos inundó las avenidas y las vidas al unisono. La electricidad se esfumó, y en mi habitación, nos quedamos sólo el viejo cuadro y yo. Miré por la ventana la oscuridad inmensa, por más que intenté guardar la calma, la lobreguez me atrapaba. Me recosté en la cama y dirigí mis ojos a la pared de enfrente, encontré una Luna y una ininteligible sirena posada sobre la arena. El realismo invadía aquella obra, el lienzo te decía "no te apartes de mí ahora". El tic tac del reloj resonaba en aquel lugar, y entre más la miraba, más dentro podía estar. Mis pies palparon la arena, y poco a poco se acercaba la sirena. Su voz era un cúmulo de melodías seráficas, sus labios carnosos se movían al son de la locura y así fue como perdí la cordura. Sus brazos se volvieron serpientes entrañables, me enredó sobre su pecho con un beso de eterno amor y me prometió bajo la Luna que sólo seríamos los dos. Mi cuerpo suplicaba su cariño, mi alma estaba en el olvido, el cielo me cubría los recuerdos y el mar conquistaba mis desvelos. Sirena tarareaba su cancioncilla para camelar, y yo gritaba: ¡Basta ya!
En las lagunas de mis memorias percibo su rostro de vesania, pero ella todavía dice que me ama. Me volví loco cuando me arrebataron el cuadro, no recuerdo cómo desperté del sueño dorado, pero mi madre dice que no estoy enamorado. Aquella noche perdí mi verdadero amor, mi pasión, mi obsesión, mi única ambición. Hoy, ando por los mares buscando a mi Sirena, y no me importa perderme con ella.
Las personas dicen que es una ilusión, yo creo firmemente en lo que me dicta el corazón.
Estoy buscándote, no desesperes.
Te encontraré, no me postergues.
Yo tu loco, tu mi amada.
Aquí estoy,
aguarda.
Eran las nueve de la noche de un Domingo frío de Julio, la tormenta se apoderó del cielo y del infierno y nos inundó las avenidas y las vidas al unisono. La electricidad se esfumó, y en mi habitación, nos quedamos sólo el viejo cuadro y yo. Miré por la ventana la oscuridad inmensa, por más que intenté guardar la calma, la lobreguez me atrapaba. Me recosté en la cama y dirigí mis ojos a la pared de enfrente, encontré una Luna y una ininteligible sirena posada sobre la arena. El realismo invadía aquella obra, el lienzo te decía "no te apartes de mí ahora". El tic tac del reloj resonaba en aquel lugar, y entre más la miraba, más dentro podía estar. Mis pies palparon la arena, y poco a poco se acercaba la sirena. Su voz era un cúmulo de melodías seráficas, sus labios carnosos se movían al son de la locura y así fue como perdí la cordura. Sus brazos se volvieron serpientes entrañables, me enredó sobre su pecho con un beso de eterno amor y me prometió bajo la Luna que sólo seríamos los dos. Mi cuerpo suplicaba su cariño, mi alma estaba en el olvido, el cielo me cubría los recuerdos y el mar conquistaba mis desvelos. Sirena tarareaba su cancioncilla para camelar, y yo gritaba: ¡Basta ya!
En las lagunas de mis memorias percibo su rostro de vesania, pero ella todavía dice que me ama. Me volví loco cuando me arrebataron el cuadro, no recuerdo cómo desperté del sueño dorado, pero mi madre dice que no estoy enamorado. Aquella noche perdí mi verdadero amor, mi pasión, mi obsesión, mi única ambición. Hoy, ando por los mares buscando a mi Sirena, y no me importa perderme con ella.
Las personas dicen que es una ilusión, yo creo firmemente en lo que me dicta el corazón.
Estoy buscándote, no desesperes.
Te encontraré, no me postergues.
Yo tu loco, tu mi amada.
Aquí estoy,
aguarda.

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