Ojitos de girasol.
Conocí a aquella chica en primavera, tenía los labios color ciruela y desde lejos podías contemplar su cabello dorado estrella. La miré desde lejos, admiré su belleza, llevaba esmalte cereza y un libro de poemas. Pedí un café para acompañar mi hazaña y ella sólo suspiraba mientras leía en voz baja en aquel bar. Le clavé la mirada con alevosía y de pronto ella descubrió que la veía. Me miró fijamente con sus ojitos de girasol y en ese momento supe que sería ella quien me rompería el corazón.
Tenía el cielo entre las manos y con ellas hacía milagros. Sus huesos eran drogas y su piel hipnotizaba, estaba perdida y abandonada; sólo esperaba ser rescatada, así que hacíamos el amor dos veces a la semana mientras intentaba escapar de aquel mundo vano que la mantenía atada a los recuerdos.
La escuché hablar sin parar, la vi llorar, gritar y danzar; su alma era profunda, pero sólo te dejaba observar la mitad. Su nombre era Abril, como el mes, tenía más de 30 días, era tantas primaveras y flores coloridas, resultaba difícil dejarla ir e imposible olvidarla. A veces cantaba en la ducha, otras tantas sólo lloraba, pero siempre, siempre bailaba.
Estaba enamorada del cielo y las estrellas, su persona favorita era un viejo muerto; pedía jugo de naranja los Lunes y los Miércoles, le gustaba la sandía y siempre leía poesía. Escribía haikus de amor. Veía el amanecer todos los días, porque sin querer despertaba a las 04:00 am cada día. Detestaba los Domingos, excepto si llovía; lloraba sin falta el primero de cada mes, le dolían los pies en las madrugadas por tanto huir, pero quería con toda la fuerza que le quedaba en el corazón.
Abril era un enigma que aprendió a soñar, jugaba en los columpios hasta que veía a los peces volar, miraba caricaturas en las tardes aburridas y dibujaba flores en cada lugar que podía. Era hermosa pero no lo creía, quería ser loca, inefable y atrevida; su corazón estaba lleno de miedo, a menudo creía que se estaba pudriendo, por eso miraba el cielo, porque ahí encontraba lo que imaginaba que estaba perdiendo. Cuando caminaba por las calles taciturnas, las estrellas fugaces le pedían deseos. Tenía una boca llena de verdad, de ella brotaban los retoños, en ella florecían los corazones. Los chicos se enamoraban pocas veces, porque sus enredaderas les parecían complicadas. Le gustaba estar sola y disfrutaba el silencio. Bebía té de limón todos los días de Noviembre y escuchaba siempre la misma canción.
Abril se estaba marchitando.
Le regalé mis besos, mis secretos, mis recuerdos; la regué con mi amor a ver si volvía a la vida; y lo hizo. Abril floreció mientras me absorbía, Abril se llevó todo lo que tenía; ahora soy un recuerdo en su memoria, y lo único que me dejó fue la remembranza de sus ojitos de girasol.
Tenía el cielo entre las manos y con ellas hacía milagros. Sus huesos eran drogas y su piel hipnotizaba, estaba perdida y abandonada; sólo esperaba ser rescatada, así que hacíamos el amor dos veces a la semana mientras intentaba escapar de aquel mundo vano que la mantenía atada a los recuerdos.
La escuché hablar sin parar, la vi llorar, gritar y danzar; su alma era profunda, pero sólo te dejaba observar la mitad. Su nombre era Abril, como el mes, tenía más de 30 días, era tantas primaveras y flores coloridas, resultaba difícil dejarla ir e imposible olvidarla. A veces cantaba en la ducha, otras tantas sólo lloraba, pero siempre, siempre bailaba.
Estaba enamorada del cielo y las estrellas, su persona favorita era un viejo muerto; pedía jugo de naranja los Lunes y los Miércoles, le gustaba la sandía y siempre leía poesía. Escribía haikus de amor. Veía el amanecer todos los días, porque sin querer despertaba a las 04:00 am cada día. Detestaba los Domingos, excepto si llovía; lloraba sin falta el primero de cada mes, le dolían los pies en las madrugadas por tanto huir, pero quería con toda la fuerza que le quedaba en el corazón.
Abril era un enigma que aprendió a soñar, jugaba en los columpios hasta que veía a los peces volar, miraba caricaturas en las tardes aburridas y dibujaba flores en cada lugar que podía. Era hermosa pero no lo creía, quería ser loca, inefable y atrevida; su corazón estaba lleno de miedo, a menudo creía que se estaba pudriendo, por eso miraba el cielo, porque ahí encontraba lo que imaginaba que estaba perdiendo. Cuando caminaba por las calles taciturnas, las estrellas fugaces le pedían deseos. Tenía una boca llena de verdad, de ella brotaban los retoños, en ella florecían los corazones. Los chicos se enamoraban pocas veces, porque sus enredaderas les parecían complicadas. Le gustaba estar sola y disfrutaba el silencio. Bebía té de limón todos los días de Noviembre y escuchaba siempre la misma canción.
Abril se estaba marchitando.
Le regalé mis besos, mis secretos, mis recuerdos; la regué con mi amor a ver si volvía a la vida; y lo hizo. Abril floreció mientras me absorbía, Abril se llevó todo lo que tenía; ahora soy un recuerdo en su memoria, y lo único que me dejó fue la remembranza de sus ojitos de girasol.

Comentarios
Publicar un comentario