Rosi, el nombre de una flor.
Conocí una vez a una mujer con el nombre de una flor, las personas la llamaban Rosi. Ay Rosi, ¿cuándo vas a florecernos el corazón?
Tenía el cabello dorado y sus mejillas eran del color del Sol. Su voz era un cúmulo de melodías seráficas, Rosi era especial. Su perfume olía a violetas, tenía el corazón de una fiera.
Rosi miraba el cielo, pero no pedía deseos, porque sabía que hundido en él estaba su mayor secreto. Ay Rosi, volverás a verlo, lo prometo.
Estaba enamorada de un millón de cosas, flores, lluvias, tormentas, colores. Rosi era un secreto inconfesable, un astro inalcanzable.
Ay Rosi, ¿cuándo volverás a soltarte el cabello y sonreirás hasta que se caiga el cielo?
Era poetisa inolvidable, un mar lleno de gotas pasionales; era la chispa de esperanza que te salva cuando tienes miedo, la porción de adrenalina que te impulsa a hacerlo. Rosi era vida, una mujer perdida.
Rosi tenía un jardín lleno de recuerdos, lo regaba cada día con la esperanza de que así crecería lo que había perdido. Lloraba algunas veces cuando estaba a solas, recordando, siempre recordando.
Ay Rosi, ¿cómo le haces para brillar en medio de tanta oscuridad?
Tenía algunas flores favoritas que sabían el secreto para hacerla sonreír, eran su impulso, sus ganas de seguir. Ay Rosi, no dejes a tus flores marchitar, necesitan de ti para brillar.
Conocí una vez a una mujer que tenía el nombre de una flor, pero en lugar de flor, parecía un huracán. Era fuerte y podía destruir todo lo que quería. Poderosa, fugaz, incontrolable, capaz.
Así era Rosi, así lo es. Un poema no escrito, una musa perdida, la octava cabrita de Elenita, voz, verbo, vida.
Ay Rosi, ilumínanos la vida con tu bella sonrisa.
Tenía el cabello dorado y sus mejillas eran del color del Sol. Su voz era un cúmulo de melodías seráficas, Rosi era especial. Su perfume olía a violetas, tenía el corazón de una fiera.
Rosi miraba el cielo, pero no pedía deseos, porque sabía que hundido en él estaba su mayor secreto. Ay Rosi, volverás a verlo, lo prometo.
Estaba enamorada de un millón de cosas, flores, lluvias, tormentas, colores. Rosi era un secreto inconfesable, un astro inalcanzable.
Ay Rosi, ¿cuándo volverás a soltarte el cabello y sonreirás hasta que se caiga el cielo?
Era poetisa inolvidable, un mar lleno de gotas pasionales; era la chispa de esperanza que te salva cuando tienes miedo, la porción de adrenalina que te impulsa a hacerlo. Rosi era vida, una mujer perdida.
Rosi tenía un jardín lleno de recuerdos, lo regaba cada día con la esperanza de que así crecería lo que había perdido. Lloraba algunas veces cuando estaba a solas, recordando, siempre recordando.
Ay Rosi, ¿cómo le haces para brillar en medio de tanta oscuridad?
Tenía algunas flores favoritas que sabían el secreto para hacerla sonreír, eran su impulso, sus ganas de seguir. Ay Rosi, no dejes a tus flores marchitar, necesitan de ti para brillar.
Conocí una vez a una mujer que tenía el nombre de una flor, pero en lugar de flor, parecía un huracán. Era fuerte y podía destruir todo lo que quería. Poderosa, fugaz, incontrolable, capaz.
Así era Rosi, así lo es. Un poema no escrito, una musa perdida, la octava cabrita de Elenita, voz, verbo, vida.
Ay Rosi, ilumínanos la vida con tu bella sonrisa.

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