Marzo jodido.

Este Marzo loco que me desgarra las bragas para decirme "todo estará bien", mientras me hace el amor bajo la luz de la inconmensurable luz de la luna, la que me vuelve perenne y poeta medio incompleta, la que me da jarabe de crepúsculos y me entierra poquito a poco las garras en la cintura, pinche Marzo, cada vez me jodes más.

Y lo digo mientras estoy escuchando las manecillas del reloj girar sin compasión, lo digo mientras las farolas parpadean al sentir al viento recorrerles las lágrimas y secándoles las memorias que se vuelven inertes a cada segundo. Lo digo cuando más sola estoy, cuando el Domingo llegó y me azotó el corazón. Cuando no sé si el horario de verano le agrega o le quita minutos al reloj.

Marzo siempre trae lo que creíste perdido alguna vez, por eso escribo en Marzo, para vez si a caso te trae bajo el brazo.


Para el Marzo más viejo que he conocido:

Oye Manolito, ¿te acuerdas de mí? No he dejado de pensar que algún día volverás; que me arrancarás el sostén con los dientes y sin compasión, que me escribirás el poema más pasional en la espalda con el labial color rojo que traigo en el bolso por si te encuentro caminando entre la oscuridad. Oye Manolito, no he podido olvidarte, no entiendo cómo siempre logras colarte en los atardeceres inconmensurables que me regala este Marzo temperamental. Quiero que por primera vez te olvides de la religión, la política, el feminismo y la educación, quiero que cierres la boca y te olvides de todo, para que sólo me recuerdes a mí; quiero que me encuentres bajo las sábanas de un eterno y veterano amor; que vengas y apagues las velas de un soplido, que enciendas las llamas mientras deslizas tus dedos sobre mi piel y recorres con tus labios cada centímetro de lo que nunca fuimos pero siempre quisimos ser.
Quiero recostarme sobre tu pecho y escuchar los latidos de tu corazón, quiero que mis suspiros se vuelvan tu oxígeno y que no quieras decirme adiós. Quiero que apagues la televisión y ambientes con música esta habitación a aquella época donde casi nos arrancamos las bocas por besarnos con esas ganas tan locas. Quiero dejar de escribir letras nauseabundas y volver lo que dictan, realidad. A usted, insolente hombre, que me debe muchas noches de desvelo y soledad, lo quiero convertir en arte con la mirada, deslizar el pincel sobre su cara, bañarlo en óleo y cubrirlo de besos, quiero recorrer las paredes de su cuerpo con mis helados dedos y pensar, por primera vez, que tengo el universo sobre las manos, mientras me tomas del pelo y gritas "quédate".
No me estoy escondiendo, pero me gustan las casualidades que uno planea sin querer, en donde te encuentras y puedes terminar a las orillas de la playa sin sostén. Quiero desnudarme los pies, andar por el césped y por la arena sin calcetines, echar mis zapatos al basurero, y caminar de tu mano a nuestro secreto. No hay cita todavía, pero te estoy esperando, mientras tanto, continuaré escribiendo sobre aquello que imagino, no me gusta idealizar, pero ojalá el destino te traiga ya.

Y si te llamas "destino", ¿por qué no has venido, Manolito?

Con entrega y ternura,
la chica del día antes de primavera.


Marzo siempre saca lo mejor/peor de mí.
Ya no quiero escribir, así que digo adiós, aunque jamás me voy.




 

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