Inmarcesible.
Estoy rota y soy pétalos marchitos; me duelen las raíces y me sangran las hojas. No soy flor ni árbol, o césped o nenúfares; soy persona con cicatrices y una herida reciente de aquí a la eternidad. Digo adiós muy seguido, pero mis alas siempre me hacen volver. El tiempo es mi amigo y juntos escribimos cartas de amor, nos duelen las letras y nos late la pasión por ellas en las manos. A veces, cuando ya es de noche y las lunas nos acompañan, nos tiramos en la cama y perdemos la razón, pero el dulce olor de la esperanza, siempre nos lleva de vuelta a casa. Nos gusta mirar la lluvia caer despacio, nos da miedo el fuego y los insectos raros, estamos enamoradas de una persona que es fugaz, somos margaritas marchitas bajo la luz de la soledad.
Hoy, como cada día que llueve, estoy rota; mi corazón se ha detenido, y aunque sigo respirando, me persiguen los recuerdos. Soy tan fría como los glaciares, pero debajo de mi pecho se esconde todo el tiempo, en segundos y mitades de ellos, se me caen las pestañas, y hace tanto frío como un Diciembre de hielo.
Me gusta mirar el cielo y extrañar sin frenesí; me gusta pintarme el rostro de sueños y pequeñas manchas de adioses. Soy repentina, por eso me marcho; soy una piedra hundida en el mar, al que le temo; ansío abrazar dos millones de cuerpos para encontrar el que me pertenece y devolver éste, en el que estoy metida, o atrapada. La primavera me vuelve loca, no puedo dejar de mirar el cielo y pensar que la casualidad me hará llegar puntual a un encuentro. Porque Marzo y Abril son mis meses favoritos; me traen personas y extraños seres mitológicos con un centenar de palabras para compartir al mundo. Son como galaxias infinitas, hechas de puntos que no encuentran su hogar; almas perdidas que buscan llegar más allá de la monotonía del camposanto. Me duermo muy tarde cuando comienza a lloviznar, porque no hay nada que me guste más que escuchar al rocío danzar.
Mi garganta se llena de musgo cuando pronuncio el nombre de mis viejos amores. Y me duelen las puntas de los dedos por no haber podido decir "detente"; dejé ir a tantas personas, que mi cuerpo ya no es capaz de sentir otras manos recorrerlo; y mis labios ya no pueden pronunciar otro "te quiero".
A menudo me dicen que soy demasiado sigilosa, que mi ser es taciturno y no sabe mas que escribir poesías dolientes de cariños perdidos; mi mente es amorfa y no articula las palabras, salen en forma de destierro y se marchan clausurando tristezas.
Hoy estoy rota y no me gusta esa palabra; me sangran las piernas y camino con las mejillas; extraño y no lo digo, pero jamás dejó de sentir; me da miedo amar, entregar todo lo que fui. Enciendo las luces a las ocho de la noche; las apago para que los escritores irreverentes no me encuentren en las sombras, escucho los truenos en el cielo y me asusto de inmediato; no voy a ningún lado, pero estoy huyendo.
Marzo querido, Marzo adorado, no me abandones en este vuelo complicado; no me gusta vagar con compañía, me asusta herir las miradas con mis palabras. Las flores crecen, los sueños se esfuman, sigo caminando pero no encuentro a mi destino.
Hoy soy inmarcesible, mucho gusto.

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