¿A dónde van los corazones rotos?
"¿A dónde van los corazones rotos?"
Me preguntas, y no sé qué responder. Porque quizá emigran al Oeste del cielo o se hunden en el mar de mil sueños azules sin principios ni educación; o tal vez van a la iglesia los domingos y cantan con pasión el salmo del perder un amor, mientras toman la Biblia y rompen las reglas de la locura interminable.
"¿A dónde van los corazones rotos?"
Cuestionas nuevamente y aún no sé la respuesta. Porque posiblemente van al supermercado bien temprano a comprar un montón de comida rápida y analgésicos, mientras se pudren de miedo al no ver respuesta alguna de aquella alma que tanto aman; o a lo mejor van a la biblioteca a buscar un par de libros viejos para leer en ellos lo que desconocen sobre el universo. Y podría ser que de vez en cuando vayan a una playa a refrescarse la entre pierna y a arrojar una botella con un mensaje al mar, esperando que alguien acuda a su rescate.
"¿A dónde van los corazones rotos?"
Insistes, pero yo no sé qué decir. Porque quizá hacen comedias de televisión de Viernes a Lunes a las dos de la tarde; o quizá se refugian en el rincón de un bar de mala muerte con una botella de cerveza y un cigarro de tabaco español. Mientras se cogen sin compasión a cualquier ciencia y filosofía de la universidad en un motel de paso.
"¿A dónde van los corazones rotos?"
No paras de preguntar, y no sé aún qué contestar. Porque quizá son escritores malditos de literatura erótica basura; o tal vez son prostitutas en la esquina de una ciudad que apaga las luces a media noche para asesinar los anhelos más profundos de un millón de seres dormidos.
"¿A dónde van los corazones rotos?"
No dejas de gritar, y yo no puedo ni hablar. Porque quizá son enterrados en un cementerio de poesías; o probablemente sus pedazos sirven como rompecabezas para entretener a niños de más de 3.
"¿A dónde van los corazones rotos?"
¡No te callas! Y te grito bien fuerte que no lo sé, pero te pones a llorar irreparablemente, mientras te das media vuelta, y todo lo que quiero es que me beses con pasión para olvidar que alguna vez tuvimos roto el corazón.
Porque no sé a dónde van los corazones rotos, o tal vez el mío ya está su lugar.
Tú.
Y entonces te desnudas de los pies a la cabeza, y ya no tienes tan rota, la razón.

Comentarios
Publicar un comentario