La lista del super.
Miércoles obsoleto de un Julio cualquiera.
Salí de casa a las diez de la mañana, saludé a Alicia quién regaba su jardín y me subí al auto. Revisé mi bolso: dinero en efectivo, teléfono celular, llaves, pintalabios carmín, bolígrafo, reloj de bolsillo, gafas anticuadas y la lista del super.
Viajé por cuarenta minutos por la carretera acompañada de la música de Radiohead. Y sólo se percibía algo en el aire: monotonía. Por fin llegué al super, tomé una canastilla y me perdí entre los pasillos. Huevos, atún, mermelada, jugo de naranja, leche, algunas frutas y tú.
Sí, tú.
No sé cómo terminé bajo la luz de la luna en un lugar como éste, con la lista del super en las manos y al reverso aquel poema que escribiste para mí. Aquel poema escrito a las once con veintidos un Miércoles obsoleto de un mes cualquiera.
"Fui un ave, y ya no lo soy,
me enamoré de una ilusión,
te miré y conseguí volar,
ahora no sé cómo regresar.
Fui una mariposa, y ya no lo soy,
bailé al compás de tu canción,
te vi entrar y pude soñar,
ahora no sé cómo despertar.
Fui un colibrí, y ya no lo soy,
posé sobre tus labios mi pasión,
te observé y te logré amar,
ahora no sé cómo renunciar.
Fuiste mía, yo tuyo, y ya no lo soy,
te escribí un poema de amor,
me entregué y no me pudiste amar,
ahora no sé cómo terminar..."
Estoy contando estrellas como me lo pediste, pero necesito una noche entera para encontrar cada una de ellas. Recuerdo que tus ojos parecían constelaciones y tus ojeras eran un par de tristísimas canciones. Un segundo me bastó para recordar novecientos días que intenté olvidar en mil quinientos diez; y así pude notar que no te dejé ir jamás.
Me duele el pecho y mis latidos se apagan, el césped está mojado y hace aquí un frío infernal; tengo miedo de que no me quieras más. Y te echo de menos, ojalá quisieras regresar.
Cada mañana me despierto con la esperanza de que la cafetera esté encendida y dentro de la regadera estés tú. Recuerdo tus fotografías sobre la chimenea y la manera apasionada en que me hacías el amor todas las madrugadas, Recuerdo los libros de poesía en los estantes de la casa y a Radiohead retumbando en la habitación. Recuerdo las marcas de tus zapatos en la alfombra, los platos sucios en el fregadero y tu forma tan voraz de decirme "te quiero". Recuerdo tu insomnio infinito y la luz encendida cuando tenías miedo, recuerdo tus manos en el volante del auto y las rosas que me obsequiaste en mi cumpleaños. Te recuerdo a ti, pero ya no estás.
Y quizá me estoy volviendo loca, pero cada Miércoles voy al super con la última lista que escribiste para nuestras compras. Me tardó todo lo que puedo encontrando aquello que sé de memoria en dónde está, con la eterna esperanza de que entres en algún momento, pero nunca llegas. Y al final, pongo lo mismo en la canastilla, lo pago y me subo al coche para venir aquí. Siempre termino en el mismo lugar. En el mismo lugar, leyendo el mismo poema. En el mismo lugar, viendo la misma luna. En el mismo lugar, queriendo a la misma persona.

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