Domingos.

Es Domingo, y los Domingos siempre tienen algo especial. Algunos son más grises que otros, a veces crecen muchas flores en el cielo y en ocasiones las canciones nos marchitan los corazones. Pero es Domingo, y la compañía nos hace bien, no importa si es la visita de los abuelos o de la mascota del vecino a la que estamos cuidando, es Domingo y no importa si cae una tormenta eléctrica en la ciudad o si sale un arco iris repentino que nos conduce a un tesoro lleno de oro y sonrisas platas. Es Domingo, y no importa qué, siempre ocurre un milagro o una maldición. Los Domingos se acompañan con una copa de vino o con un trozo de pan casero calientito. Yo solía acompañar mis Domingos con la soledad, el frío invierno, –que, aunque estuviéramos en plena primavera, aparecía de todos modos– veinte tazas de té verde y mucha literatura. Hace no mucho tiempo, conocí a alguien que hizo que todos los días de la semana parecieran Domingo. Las estrellas salían a las ocho de la mañana y todo, absolutamente todo se cambiaba de sitio cuando sonreía, porque se agitaba el mundo entero a penas se asomaban sus dientes. Mis Domingos de eternas poesías y escritos taciturnos se volvieron más intensos, ahora tenía mucha más inspiración. A veces, mientras me sentaba en mi sillón favorito a mirar el techo fijamente en silencio, me preguntaba: ¿es posible enamorarse de alguien a quien no conoces? Y mi pregunta se quedó ahí en el estante por bastante tiempo. Ese tiempo, en el cual fui conociéndolo aún más. Pude ver cosas que ni siquiera él notaba; la forma en la que se escondía del Sol, la manera en la que agachaba la cabeza cuando algo lo apenaba, la forma en la que caminaba lejos de los demás, como queriendo que nadie se le acercara. Entonces, cuando otro Domingo me senté en el medio de un parque rodeada de muchos ruidos, pude responder mi pregunta: definitivamente, sí. Una persona puede enamorarse de otra sin importar la cantidad de tiempo que lleven saliendo. Una persona puede enamorarse en un día o en un segundo cuando la otra persona se muestra tal cual es ante ella. Porque, como escribió alguien: ”el amor es un contrato libre que se inicia en un chispazo y puede concluir del mismo modo.”
Recuerdo aquellos días en que lo veía sentarse lejos de mí, cuando me parecía más inalcanzable que una piedra lunar, recuerdo la forma tan apresurada en la que hacía sus deberes para marcharse tan pronto terminara. Recuerdo su lunar en el cuello, y su risa tímida. Y me recuerdo a mí, viéndolo desde la esquinita de aquel salón de clases. Jamás imaginé que ese muchacho de ojos cafés se volviera tan importante para mí. Y, ¿saben qué? He escuchado a muchas personas burlarse de las palabras que ahora nos decimos, cosas tan insignificantes para ellos como un "te quiero", que para nosotros dos abarca todo un universo. Me han dicho varias veces también que no es posible que esté entregando todo mi corazón tan pronto a alguien que a penas conozco, y a esas personas, quiero decirles: ese chico, al que ustedes llaman un "amor pasajero", para mí ahora es mucho más que un chico. Es un poema perfectamente mal escrito, es un laberinto de secretos, una novela clásica, una canción inentendible, un dólar de la suerte, un abrazo en año nuevo, un sueño y unas inmensas alas para volar. 
Las personas creen que tienen que pasar meses, años, siglos en una relación para poder decirle al otro "te amo". Pues, quiero decirles: NO. Muchos de nosotros somos jóvenes, o alguna vez lo fuimos, los corazones no saben de daños y siempre queremos ir por más. Actualmente, las personas dicen esas dos palabras "mágicas" a cualquier persona, tanto, que se ha perdido el significado real. Y muchos jóvenes, no lo decimos por miedo a ser juzgados. Me gustaría gritarle al mundo entero que decir "te amo" va más allá de pronunciarlo, que puedes amar a alguien en diez días o en un millón y que eso no importa cuando realmente sale del corazón. Los jóvenes estamos aquí para cometer tonterías y enamorarnos tres veces al día. Podemos confundir a mil personas con el "amor de nuestra vida", pero está bien. Hay que amar con todas nuestras fuerzas y devolverle a los Domingos la pureza. Hay que traer de vuelta el amor al mundo. 
Hoy, es Domingo otra vez, y hoy no me siento sola. Hoy el cielo sonríe, las aves cantan, el viento sopla, los sueños vuelan al rededor de nosotros y en el desierto está cayendo una tormenta. Hoy es Domingo, y está bien invitar a salir a la chica o chico que nos gusta, está bien robar un beso, abrazar a cien mil desconocidos, ceder el asiento, sonreír a un extraño, cantar enfrente de un millón de personas, hacer un par de bromas y decirle al mundo entero que lo amamos. Los Domingos siempre tienen algo de magia, hagamos locuras, tomemos una taza de café y charlemos con una persona maravillosa. Enamorémonos de la vida y de todo lo que nos obsequia día a día. 
Hoy es Domingo, y a mi lado tengo a una persona increíble que me ha enseñado a dejar el pasado en el pasado, a perdonar y continuar; tengo a una persona que me lleva de la mano a un lugar mejor, que me ayuda a ser una mejor persona, que a diario me dice que soy bellísima y que en mis ojos encuentra el universo; estoy con alguien que me quiere en mis peores días y se siente afortunado porque estamos juntos, al igual que yo. Estoy al lado de una persona que, no importa cuánto tiempo se quede, siempre va a ser una de las coincidencias más bonitas de mi vida. Estoy con alguien, con quien quiero estar muchos, muchos Domingos, eternos, fugaces, buenos, terribles, vacíos, inmensos, únicos. 
Gracias, Domingos, por siempre traer sorpresas. Gracias, Domingos, por hacerme coincidir con personas mágicas.


Para todas las Almas Perdidas en los eternos Domingos, que buscan y no encuentran.
Pero, especialmente, para Joel, mi Domingo eterno.


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