¿Recuerdas?, porque yo no puedo olvidar.

Vendrá Abril y Mayo, pasarán diez años, se caerán las hojas de los árboles y volverán a crecer las flores en primavera, te enamorarás mil veces y yo lo haré también, pero jamás, jamás, jamás te olvidaré.

Las personas me preguntan qué le pasó a mi corazón, cuándo dejó de arder y se desmoronó, cuándo se llenó de grietas y comenzó a recitar esa triste canción de amor; y jamás sé qué responder, pues lo único que se me viene a la mente es tu voz. Llegó otra vez la primavera, y como siempre, Marzo volvió a sorprenderme, aunque no se lo pedí. Hace ya doce meses que te metiste a mi vida, despacito, hace ya doce meses que irrumpiste en mi desastre. ¿Recuerdas? Porque yo no puedo olvidar.

Y quiero escribirte que jamás había querido a nadie como te quise a ti, que cada vez que sabía que vendrías mi corazón temblaba de felicidad y me volvía loca y comenzaba a sonreír, de verdad. Y no imaginas lo bonito que me brillaba el Sol, lo precioso que el viento desbarataba mi cabello y se llevaba lo que no servía, en serio. No tienes idea de lo energéticas que se volvían mis manos, que jamás se cansaban de escribirte tanto y tanto; o de aquel brillo que invadía a mis ojos cuando descendías de tu auto. Y cuando me sonreías, demonios, era deslumbrante tu bella sonrisa, y las piernas me temblaban y la respiración se entrecortaba y ya no pensaba en nada, en nadie, porque sólo existías tú. O, ¿te acuerdas de aquellas tarde-noches? ¡Mis favoritas! El sonido de tu risa y la forma en la que tomabas el volante, y te juro que no quería existir en un lugar en que tú no pronunciaras mi nombre. Y cuando me tomabas entre tus brazos y mis huesos se partían en pedacitos, o cuando te pregunté "¿por qué el cielo es azul?", o aquel veinticuatro de Abril en que me besaste por vez primera y me arrancaste los miedos. ¿Te acuerdas?

Y quiero que sepas que yo ya te quería incluso antes de conocerte, y te escribí un millar de cartas que aún conservo, anhelé tanto algún día poder conocerte, moría de ganas por poder verte. Te esperé muchas noches bajo aquel cielo azul, miré las estrellas imaginando tu rostro, le pedí a la Luna que te encaminara hasta a mí, le grité a la Vía Láctea que te procreara y te arrojara hasta donde estaba yo. Imaginé tus manos sobre las mías, tus ojos como dos constelaciones profundas, que mil noches me quitaron el sueño y por ello me apodaron "la insomne". Soñé cada Domingo con que aparecieras, la oscuridad era mi cómplice y las lágrimas mis testigos. Y cuando por fin me encontraste, te encontré o nos encontramos, supe que jamás debía perder la esperanza, que los sueños se cumplen y el universo conspira a tu favor cuando realmente deseas algo con todas tus fuerzas.

Y también deberías saber que aquel Mayo cinco, mi corazón se detuvo por un instante al leer tu carta, que mis ojos se llenaron de lágrimas y que eso me impidió decir algo. Mis ilusiones se quebraron y poquito a poco mis sueños se apagaron. Aún la conservo, aquel texto sin remitente, pero que en cada palabra se llevaba lo que me obsequiaste días atrás. Aún tengo en mi memoria la fotografía de ti sonriendo e iluminándome la vida, esa fotografía que mis ojos tomaron la última vez que te vieron. Pero, ¿sabes qué no tengo? A ti.

Quizá ya sabes que jamás dejé que alguien me viera llorar, pero tú te quedaste con ese vago recuerdo de mí rindiéndome ante ti, desmoronándome entre tus brazos, lanzándome al vacío, dejándome perder. Tú te quedas con todas aquellas cartas que te escribí desde el fondo de mi alma, cuando me creí completamente enamorada de ti. Te quedas también con las veces que me sujeté de tus manos con fuerza e hice lo que prometí jamás hacer por nadie, también tienes las canciones que para mí significaron mucho, aquellas que me cantaste bajo la luz lunar, te quedas con mis poemas y mi mano derecha, la próxima vez, por favor llévate mi cartera, pero no mi corazón.

Siempre llevaré las memorias de aquellas putas tardes que pasamos juntos y jamás dejaré de cumplir las promesas que te hice cuando el sol se escondía. En mis labios se quedan tus besos y el olor a cigarrillo se queda en mi alma que aún te ama. Y sí, ya sé que debería olvidarte de una puta vez, o al menos ya debería haber aprendido a dejarte ir, explícame por qué aún no entiendo que jamás estuviste aquí. 

Por favor dime si algún día vas a volver, o mejor dime que no lo harás, que no te interesa aterrizar en las ruinas de lo que soy, pero dímelo, para que deje de mirar la puerta fijamente, para que deje de esperarte bajo la lluvia que tanto odias, para que deje de buscar casualidades para verte, para que deje de inventar pretextos a ver si vienes. Porque aunque ya no quiero esperarte, lo hago. Porque aún te extraño y te amo con la fuerza que me queda, porque todavía sueño con que vas a aparecerte o que alguna mañana voy a despertar y lo primero que haré será verte. Por favor ya vete, lárgate, desaparecete, ya no quiero volver a verte. Deja de ser parte de mí, desprendete de mi ser o mátame de una vez. Déjame volar, déjame irme, quiero huir, escapar, quiero olvidarme de ti como tú de mí.

Ya es Marzo otra vez, ya es veinticuatro, ¿lo ves? ¿Cómo regreso el tiempo?, ¿cómo invento una máquina?, ¿cómo me desenamoro de ti?, ¿cómo dejo de soñar que volverás?, ¿cómo pierdo la esperanza? Ayúdame.

Vendrá Abril y Mayo, pasarán diez años, se caerán las hojas de los árboles y volverán a crecer las flores en primavera, te enamorarás mil veces y yo lo haré también, pero jamás, jamás, jamás te olvidaré.


A Mario G., la persona que me robó el corazón en tres meses, la persona que cada día intento olvidar, la persona que más odio, pero al mismo tiempo, amo con todas las fuerzas de mi mezquino ser. A él, quien me enseñó lo que jamás volveré a permitirle a nadie más.

Aún te espero, ojalá que leas esto, para que ya no vuelvas. 



Yo te inventé, yo te destruyo.

Aún te quiere
Joss.


  

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