Silencio.
Esta noche, el viento helado se ha metido en mi habitación, tan sabio, escandaloso y eterno. Ha inundado mi cuerpo entero de miles recuerdos tristes y bellos, ha coloreado mi habitación con una bella escala de grises, me congeló la punta de la nariz y sentó sus raíces. Estaba a punto de quedarme dormida, pero no me dejó hacerlo, me tomó de los cabellos y me preparó una taza de té, él se sirvió un poco de café y me contó la misma historia de siempre.
Dieciséis años, un sueño, un "ser inexistente", color blanco y verde, una dosis de poesía y una preciosa letra "M", un montón de oscuridad, misterio e irrealidad, mucho silencio, locura y extrañes. Comenzó a hablar sobre aquello que creí que algún día podría olvidar. En esa historia estabas tú y tus preciosos ojos marrones, en esas palabras venías tú y tus hermosos lunares enormes. El tiempo corrió a toda prisa, y yo escuché la historia hasta el final sin quedarme dormida, el viento se movía de un lugar a otro, tan escandaloso y grandioso. Me pidió que le contara aquella historia que lo hacía llorar y azotar las ventanas de las casas, mover los árboles con su intensidad y ocasionar huracanes en la ciudad, y lo hice, le conté la historia, nuestra historia.
Comencé hablando de ti, de la manera en la que te encontré. Le conté de tus manos suaves, de tu piel cálida, de tu mirada mágica y tus quinientas pestañas; le conté de tu voz tan asombrosa, tu manera de volverme loca y tu forma tan suspicaz de besar mi boca. Le conté de la manera en la que me llevabas al espacio con sólo tomar mi mano, y de cómo saltábamos de planeta en planeta buscando no hacernos daño. Le dije todo acerca de lo diferentes que éramos, nuestros gustos musicales, literarios, cinematográficos y sentimentales, porque yo sabía que tú me querías, pero yo a ti te amé demasiado.
Me escuchó con atención hasta que terminé de hablar, y me pidió que fuera hasta la ventana para ver a la Luna saltar. Le supliqué que se quedara un rato más, pero sólo dijo que se tenía que marchar. Se llevó con él lo que quedaba de nosotros, y sentí que mis huesos estaban cada vez más rotos. En el suelo se quedaron esparcidas tus fotos, tus versos, tus restos. La oscuridad invadía mi habitación, mi corazón palpitaba lentamente y la razón me abandonaba tristemente.
Volví a la cama sin ganas, cerré los ojos y comencé a soñar. Estabas conmigo en aquel momento, me tomaste entre tus brazos y me besaste hasta quedarnos sin aliento, deslizaste las puntas de tus dedos sobre mi cuerpo y las esperanzas penetraron mi alma. El viento tocó la ventana, pero esta vez no lo dejé entrar, cerramos las cortinas y nos propusimos no olvidar. Aquella noche me armaste de pies a cabeza, llenaste mi ser de coloridas flores y pintaste mi corazón de mil emociones.
A penas salió el sol, te marchaste, el lado izquierdo de mi cama nuevamente se quedó sin ti, el viento no volvió, y yo de nuevo caí. Probablemente algún día volverás, aunque realmente no lo sé, todo puede pasar, todo puede ser, pero quizá, sólo quizá, esta vez no te deje entrar...

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