Alas.
Aún es primavera aquí, nada cambia, el tiempo corre y jamás veo venir el prometido "final feliz".
Dijiste que estaríamos juntos esta primavera, y probablemente la siguiente también, corriendo, siempre corriendo, tomados de las manos, bajo el indomable sol, siendo uno solo; volando, como las mariposas dentro de nuestro ser, tomando el anochecer como el tiempo prometido.
Pero las personas decimos muchas cosas, pero las personas arrancamos de la tierra las rosas.
Pero las montañas jamás vienen a nosotros, pero las montañas siempre caen sobre otros.
Pero las esperanzas vanas nos aniquilan los sentires, y sin sentires somos nada bajo un cielo.
Aún no llega el verano y dentro de mí ya es invierno. Dentro de los ojos comienza a nublarse, y en el pecho ya se escuchan los grandes truenos, en las puntas de mis dedos ya hay tormentas y en el fondo de mi pecho huracanes, en mi cabeza está nevando y mis sentimientos se están congelando, como en un triste invierno, como en un vago sueño.
Me siento aquí en el sofá de la casa, que se siente fría sin ti. Miro por la ventana a quienes pasan y no soy capaz de abrir la boca para decir... "te echo de menos", porque en mi calendario todavía es ayer, cuando estabas a punto de entregar tu ser, cuando íbamos idolatrando una nueva oportunidad. La puesta de sol nos alcanzó y no tuvimos otra opción más que recostarnos en el césped y mirar el claro cielo y con las nubes jugar. Cuando creía que nada podría derrumbarme, comenzó a llover irremediablemente y gritaste tan alto que me ensordecí, el cielo se nubló por completo y la pasión nos absorbió los miedos. Y ahí estábamos, queriéndonos, sin límites, entregándonos a la vida renovada, con los dedos entrelazados y las siluetas mojadas.
Comenzaste a tararear una canción de amor, y yo no pude resistirme ni un segundo a tu melodía que me atrapó enseguida. El tiempo se nos fue entre las manos, mientras nos amábamos, el viento cálido nos absorbió la humedad, y cuando estuvimos secos nos alejamos, sin más.
El tiempo pasó tan rápido que no pude terminar de amarte.
Como aquel primer beso que robaste de mis labios, que encendió lo que creí apagado. Aquellos locos escalofríos que recorrieron mi ser mientras tocaste mi piel, aquellas gotas de quién sabe qué que iluminaron mis mejillas cuando comenzaste a decir "me enamoré de una mujer".
Y tu voz tan dulce y embriagante que me hacía desearte por las tardes.
Ahora se escucha afuera el grito de aquellos niños jugando a la pelota, la cancioncilla de los pájaros azules volando al rededor, los coches atravesando la avenida y el maullar de los gatos blancos. Se escucha de todo afuera, menos tu voz cantando.
Adentro se escucha la nada, el silencio invadiendo la estancia, la soledad ya está viniendo por mí, cautivándome nuevamente, incitándome a volver a su yugo. Viene a hablarme al oído muy cerquita, pidiéndome que suba a su auto y comparta mis días nuevamente con ella. Y debo confesar que lo estoy pensando, pues por un muy largo rato fue mi única compañera.
Pero tu carta me dice que vas a volver, que quieres hacerlo, pero no sé qué hacer. Ahora ya no sé si resistir y vivir de esperanzas o marchar y buscarme una realidad.
Detesto que no estés lejos.
Detesto tus besos.
Detesto tu horrible olor a cigarrillo.
Detesto que odies la lluvia.
Detesto que bebas alcohol.
Detesto que beses mi cuello.
Detesto que tomes mi mano.
Detesto que odies la historia.
Detesto que no entiendas mi filosofía.
Detesto la manera en la que caminas.
Detesto tu mirada perdida.
Detesto cuando te quedas callado.
Detesto que escuches la música que más odio.
Detesto que me cantes en el coche.
Detesto que me abraces con fuerza.
Detesto que sonrías.
Detesto que me mires fijamente.
Detesto que me digas que soy extraña.
Detesto que me digas que me quieres.
Detesto tus mensajes en las mañanas.
Detesto que silbes tan alto.
Detesto tus ojos y tus cejas que no dejas de arreglar.
Detesto que seas tan limpio.
Detesto que me escribas palabras bonitas, y aún más que me las digas.
Detesto que me digas "necia".
Detesto que hagas bromas.
Detesto que seas tan delgado.
Detesto, ¿sabes qué es lo que realmente detesto? Detesto que nada de lo que dije antes es cierto, detesto quererte con todas mis fuerzas, detesto extrañarte tanto, detesto no tenerte cerca.
Pero te quiero, siempre te quiero, como aquella promesa que te hice algún día, y que estoy dispuesta a cumplir.
Y juntos, mientras suena esta canción en la radio, vamos a ir en busca de un nuevo amanecer. Cuidaré de mis alas mientras te crecen las tuyas. Me voy a volar un rato, mientras dejas atrás.
En las noches me recostaré a tu lado, con tus demonios, en tu infierno. Aquí estaré, por si me necesitas, volando en tu cielo, sin perderme en el olvido.
Te voy a esperar, te voy a extrañar, te voy amar.
No tengo prisa, pero no te prometo estar viva por siempre.
Las letras que te escribo te acompañarán en tus soledades.
Y el sol va a nacer tarde o temprano, espero que cuando lo veas despertar, todavía yo pueda volar.
Hasta siempre.
Dijiste que estaríamos juntos esta primavera, y probablemente la siguiente también, corriendo, siempre corriendo, tomados de las manos, bajo el indomable sol, siendo uno solo; volando, como las mariposas dentro de nuestro ser, tomando el anochecer como el tiempo prometido.
Pero las personas decimos muchas cosas, pero las personas arrancamos de la tierra las rosas.
Pero las montañas jamás vienen a nosotros, pero las montañas siempre caen sobre otros.
Pero las esperanzas vanas nos aniquilan los sentires, y sin sentires somos nada bajo un cielo.
Aún no llega el verano y dentro de mí ya es invierno. Dentro de los ojos comienza a nublarse, y en el pecho ya se escuchan los grandes truenos, en las puntas de mis dedos ya hay tormentas y en el fondo de mi pecho huracanes, en mi cabeza está nevando y mis sentimientos se están congelando, como en un triste invierno, como en un vago sueño.
Me siento aquí en el sofá de la casa, que se siente fría sin ti. Miro por la ventana a quienes pasan y no soy capaz de abrir la boca para decir... "te echo de menos", porque en mi calendario todavía es ayer, cuando estabas a punto de entregar tu ser, cuando íbamos idolatrando una nueva oportunidad. La puesta de sol nos alcanzó y no tuvimos otra opción más que recostarnos en el césped y mirar el claro cielo y con las nubes jugar. Cuando creía que nada podría derrumbarme, comenzó a llover irremediablemente y gritaste tan alto que me ensordecí, el cielo se nubló por completo y la pasión nos absorbió los miedos. Y ahí estábamos, queriéndonos, sin límites, entregándonos a la vida renovada, con los dedos entrelazados y las siluetas mojadas.
Comenzaste a tararear una canción de amor, y yo no pude resistirme ni un segundo a tu melodía que me atrapó enseguida. El tiempo se nos fue entre las manos, mientras nos amábamos, el viento cálido nos absorbió la humedad, y cuando estuvimos secos nos alejamos, sin más.
El tiempo pasó tan rápido que no pude terminar de amarte.
Como aquel primer beso que robaste de mis labios, que encendió lo que creí apagado. Aquellos locos escalofríos que recorrieron mi ser mientras tocaste mi piel, aquellas gotas de quién sabe qué que iluminaron mis mejillas cuando comenzaste a decir "me enamoré de una mujer".
Y tu voz tan dulce y embriagante que me hacía desearte por las tardes.
Ahora se escucha afuera el grito de aquellos niños jugando a la pelota, la cancioncilla de los pájaros azules volando al rededor, los coches atravesando la avenida y el maullar de los gatos blancos. Se escucha de todo afuera, menos tu voz cantando.
Adentro se escucha la nada, el silencio invadiendo la estancia, la soledad ya está viniendo por mí, cautivándome nuevamente, incitándome a volver a su yugo. Viene a hablarme al oído muy cerquita, pidiéndome que suba a su auto y comparta mis días nuevamente con ella. Y debo confesar que lo estoy pensando, pues por un muy largo rato fue mi única compañera.
Pero tu carta me dice que vas a volver, que quieres hacerlo, pero no sé qué hacer. Ahora ya no sé si resistir y vivir de esperanzas o marchar y buscarme una realidad.
Detesto que no estés lejos.
Detesto tus besos.
Detesto tu horrible olor a cigarrillo.
Detesto que odies la lluvia.
Detesto que bebas alcohol.
Detesto que beses mi cuello.
Detesto que tomes mi mano.
Detesto que odies la historia.
Detesto que no entiendas mi filosofía.
Detesto la manera en la que caminas.
Detesto tu mirada perdida.
Detesto cuando te quedas callado.
Detesto que escuches la música que más odio.
Detesto que me cantes en el coche.
Detesto que me abraces con fuerza.
Detesto que sonrías.
Detesto que me mires fijamente.
Detesto que me digas que soy extraña.
Detesto que me digas que me quieres.
Detesto tus mensajes en las mañanas.
Detesto que silbes tan alto.
Detesto tus ojos y tus cejas que no dejas de arreglar.
Detesto que seas tan limpio.
Detesto que me escribas palabras bonitas, y aún más que me las digas.
Detesto que me digas "necia".
Detesto que hagas bromas.
Detesto que seas tan delgado.
Detesto, ¿sabes qué es lo que realmente detesto? Detesto que nada de lo que dije antes es cierto, detesto quererte con todas mis fuerzas, detesto extrañarte tanto, detesto no tenerte cerca.
Pero te quiero, siempre te quiero, como aquella promesa que te hice algún día, y que estoy dispuesta a cumplir.
Y juntos, mientras suena esta canción en la radio, vamos a ir en busca de un nuevo amanecer. Cuidaré de mis alas mientras te crecen las tuyas. Me voy a volar un rato, mientras dejas atrás.
En las noches me recostaré a tu lado, con tus demonios, en tu infierno. Aquí estaré, por si me necesitas, volando en tu cielo, sin perderme en el olvido.
Te voy a esperar, te voy a extrañar, te voy amar.
No tengo prisa, pero no te prometo estar viva por siempre.
Las letras que te escribo te acompañarán en tus soledades.
Y el sol va a nacer tarde o temprano, espero que cuando lo veas despertar, todavía yo pueda volar.
Hasta siempre.

Comentarios
Publicar un comentario