Palabras entre llantos.

Los Martes siempre fueron mis días menos favoritos, pero en los Martes siempre me pasó de todo.
En un Martes me enamoré, en otro me rompieron el corazón, en los Martes me volví loca, en un Martes conocí a grandes personas. ¡Maldición!
Hoy es Martes, otra vez, y aquí estamos, tú y yo, ausentes, como de costumbre. La lluvia cae, en Martes, la Luna no sale, hasta el Jueves, que te vayas, que me vaya, que desaparezcamos de la faz de la tierra y volvamos al infinito. 
Anoche morí, nuevamente, al escuchar tu voz, el sonido que jamás quiero olvidar. Melodías rondaron toda la noche, miles sueños se columpiaron entre mis cabellos negros y las esperanzas descansaron bajo mis ojeras, pero tú no estás, en Martes. La lluvia cae, y entre estas cuatro paredes se derriten mis ilusiones. Había química, física y un poco de biología, entre tú y yo, pero todo se desmoronó. La marea sube dentro de mi corazón, y mi alma pide a gritos ser rescatada de este tsunami de emociones vanas. Por la mañana, creí que sería un buen, Martes, y lo es, aunque no estés, aunque faltes, aunque no me hayas traído el café por la tarde. Miles gotas mieles recorren apresuradas la ventana empañada, y desde aquí puedo ver tus miedos. Sé que has llorado últimamente, por todo, por nada, pero callas, porque te da vergüenza saberte humano, pretendes ser, sin ser. Y a las nueve y media de la noche, el llanto vuelve a inundar la habitación, llueve dentro y fuera, en cada rincón. Aquella canción suena, y el coro resuena indescriptiblemente en los rayos que se retuercen en el cielo azul, que pareciera ser gris. Esta noche, de Martes, estoy pidiendo un SOS a los astronautas del mundo, envidiándolos terriblemente por poder marcharse de aquí, despegar los pies de la Tierra, y sobrevivir. Me vuelves a doler en todas partes, en el pecho, en la espalda y en la punta de los pies. ¿Puedes escucharme? 
La lluvia me ha pintado la sombra color agua, y lo labios me los he coloreado azul, dentro de mi alma todo gira en torno a ti, y las gotas siguen cayendo sin remedio alguno, las venas manchan los muebles de la estancia y me pregunto: ¿qué pasa? Nadie a logrado escuchar mis lamentos, y todos han muerto por dentro. ¿Cuánto falta para que llegue el mañana?, ¿existe?, entre comas y puntos te perdiste, entre caminos y mareas destruiste. Y el mundo se calló de la cima, y nos dirigimos al vacío, a toda prisa. Pero ya no importa, porque no estás, pero ahora duele, porque te vas.
Me empapé de miles gotas de milagrosa lluvia, que cubrieron la herida que dejó tu partida, y el aire que me sobra al rededor, susurra que nunca más escucharé tu voz de energía nunca liberada. Y tatuadas en la piel llevo tus promesas que no valen nada. Entre ladrillos y pintura no encuentro la Luna, nuestra Luna, aquella que nos pertenecía, que era nuestra promesa. Ese hermoso pacto, inquebrantable. Luna llena, para inundarte de miles besos y cuartos menguantes para completar la otra parte con trozos de amor. Se ha ido esta noche, de Martes, la Luna, igual que tú. Ahora es más fácil decirle a ella cuánto le amo, que recordarte lo mucho que te extraño. Como lágrimas en la lluvia, se irán mis palabras, se irán, se perderán, se irán, se perderán. 
Y a las diez de la noche, la lluvia se consume entre los corazones de los poetas, seres crueles. Monstruos del universo que le escriben a lo incierto. Y florecen nuevos dolores entre jardines y panteones, y en el infinito se oscurece más temprano que ante ayer. La locura se desborda por los poros de cien mil cuerpos y cincuenta y dos momentos junto a ti vienen a mi pensar, yo esperaré, aquí, por ti, por si a caso te dan ganas de volver después de tanto, y no me iré, o tal vez sí, por qué ya no sé ni qué sentir. Tal vez me vuelva viento y lluvia, para alcanzarte en tu recorrido, tal vez me mueva entre la Luna, para que me mires enredada en el cielo, tocando las nubes con los dedos. O tal vez me vuelva un recuerdo, como todos, como todo, y así, pueda mudarme al fondo de tu cuerpo, para encargarme de olvidarte, si te vivo dentro. Entre planetas y constelaciones, olvidarte sin frenesí, entre poemas y canciones volverte eterno. Para que nadie te olvide, cariño mío, para mirarte en el horizonte, y preguntarle a las estrellas cómo llegar a ti, el próximo Martes, entre locuras. 
Aquel fue nuestro final, un Martes, en la avenida principal mientras llovía. Entre lágrimas, dulzura clandestina, suspiros, sueños, promesas y palabras vanas, soledades y amoríos, un final digno de aplaudirse, de pie, mientras se inunda la ciudad con palabras, entre llantos.


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