Y si hablamos de drogas, hablemos de ti.

La cocaína no es tan buena como decían.
No me idiotizó más de lo que podría estar ya... por ti.

Es tu turno. Inhala las líneas que están sobre el papel, esas que he escrito para ti. A ver si así me quieres, a ver si así por fin te acuerdas de mi existencia. Como yo, cuando me volví loca por completo, aquella vez que te vi pasar frente a mi casa, sin necesidad de drogarme, sabía que me estaba fumando tu ausencia, ya después vinieron los efectos secundarios, como extrañarte cada día más, como mirar el cielo pensando que también lo haces, como caminar descalza sintiendo tu indiferencia, como verte y sentir desfallecer, y saber que cada día te quiero más, pero me estás matando, ¡carajo, me estás matando!
Ya es tarde, y hace días que no te veo, aunque siempre procuro pasar por los lugares que frecuentas, y por "lugares que frecuentas", me refiero a tu casa y el supermercado. Me estoy preguntando si las canciones de Led Zeppelin en realidad te vuelven tan loco, más que el polvo. Ojalá que dejes tus vicios pronto, para que no mueras. No, mejor aún, ojalá que no dejes tus vicios jamás, para que no me mates de ausencias. 
Me he vuelto una mierda escribiendo, y es por tu culpa, por mi culpa. 
¿Has visto el cielo? Se está acercando la oscuridad, y la Luna ya viene también, ¡por fin alguien con quien hablar! 
Me encantan tus risos, y siempre me cuestiono el por qué los llevas sobre el rostro, o aquella chamarra color negro que te cubre el cuello, que me enloquece. Me fascina cuando me miras refugiándote entre tu oscuro cabello, pretendiendo que no te vea, mientras yo hago lo mismo y después sonreímos. Ojalá me mordieras el labio y me pidieras salir algún día no muy lejano, ojalá yo no fuera tan cobarde y pudiera hacerlo.
 Vamos a salir esta noche y juntos robemos el cielo, mientras suena Kashmir en el reproductor, ¿te parece si llevo una caja de fósforos en mi bolsillo? Sé que sabes que odio tu olor cuando fumas, pero no me importaría si tan sólo pudiese tocar la punta de tus hombros.
Si tan sólo pudiera ver la sombra de tu cuerpo dibujada en el suelo, o tu silueta retorcida ilustrando nuestra avenida mientras disfrutas del clima, sería feliz, te lo aseguro. Ya lo soy, pero sería mucho más, feliz, hasta enloquecer. 

Cuanto desearía ser un poco más valiente, o que tu fueses un poco menos cobarde, y entonces, salir a mirar las estrellas y regalarte una de ellas.
Ojalá y fuera cierto.
Ojalá no fuera una alucinación.
Ojalá no terminara la anestesia, para poder soñarte la eternidad...





Comentarios

Entradas más populares de este blog

La mudanza.

A la Luna.

La última vez.