Domingo.
Ha llegado la hora de decirte adiós, ha llegado la hora de dejarte, amor. Fue un placer haber estado contigo cada día y tener esas maravillosas e inugualables ciento cincuenta y seis citas. Cuatro años, corazón, cuatro años de ilusión, de esperanzas y locuras amargas, hasta el día de hoy, en que escribo esto, mil cuatrocientos cincuenta y dos días de interminables esperas, de señales y fracasos, días grises y morados.
Y aún sigo aquí, esperando encontrarte al andar por la calle, y todavía anhelo sentirte cerca, pero probablemente esta noche sea la última, y temo, temo que te vayas y no vuelvas más, temo no encontrarte en estos ocho días, temo perderte para siempre y romperme en mil pedazos si te vas.
Te espero todavía, mientras se me acaba la última taza de queda-té.
Finitos días y aún no sé tu nombre; muchas noches y todavía no veo tus ojos enormes.
¿Existes?, ¿estás?, ¿te quedas o te vas? ¡Oh, cariño mío, no sé qué pensar!
Veneno letal extraído de un sueño, di algo, que estoy cayendo de nuevo, no sé a donde ir, no sé qué espero. Domingo, Lunes, Martes, Miércoles, Jueves, Viernes, Sábado, Domingo. Todos los días es Domingo si no estás, todos los días serán Lunes si te vas. ¿Qué haré sin ti?, ¿qué haré sin tu poesía que me inunda el alma de alegría?, ¿a dónde iré si te esfumas?, morirán mis esperanzas. Eres todo lo que quiero, y estoy diciéndote adiós en este momento.
Te espero, te sueño, te quiero...
Te sueño.
Domingo, dieciséis, verde y blanco, madera, papel, letras y misterio, pasteles sin fin, oscuridad, te espero.
❤️ Nos vemos pronto, nos vemos luego, nos vemos siempre.
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