Cementerios bajo los ojos.

Debajo de mis ojos soñolientos, existen dos oscuros laberintos, en donde descansan en paz tus restos, los restos del hombre que alguna vez amé.
Clavadas se encuentran tus miradas tibias en estas oscuras pupilas dilatadas, y perdidas se encuentran tus caricias alrededor de mi piel opaca. 
Cargo en mis pies tus palabras vanas, congeladas porque jamás sentiste nada. Y en mis brazos sostengo la mentira más amada.
En mis oídos descansan tus sueños, miedos y anhelos; palabras inundadas de extrañez amarga. Mis uñas guardan la pasión desenfrenada.
Las palmas de mis manos sostienen tus ausencias en las noches mojadas. Y mi boca contiene el veneno de tu sonrisa agraciada.
Mis cejas resguardan tus singulares versos, los que me escribías mientras nos devorábamos a besos. 
Mis hombros aguantan mañanas cansadas que pasamos juntos, mientras preparábamos el desayuno oportuno.
Mis labios partidos tienen días sin frenesí, en los que expulsamos moléculas que nos trajeron locura entre sí.
Mi ombligo custodia mordidas deliciosas a mis palabras sigilosas.
También mis tobillos atesoran caminatas, esas que dimos cuando el tiempo nos obsequiaba cinco grados en las madrugadas.
Mis profundas clavículas, almacenan tus caricias y las puntas de tus dedos perdidos entre mi alma.
Mis nudillos protegen tu poesía, esa que llevo tatuada en la piel manchada, y las puntas de mis dedos reservan palabras delicadas, salidas de tus labios pasteles.
En la frente llevo una frase que dicta "te extraño", que sólo se ve frente al espejo cuando el llanto me vence.
En el medio de mis senos llevo coloreados tus sueños, y un corazón del cual fuiste el escultor.
Y en la nariz un inmenso frío, el que dejaste al salir.
Antologías de tiernos besos, en la mente calcados con marcador. Y en la locura llevo el tiempo que compartimos los dos.
Memorias entre el cabello y anestesia recorriéndome dentro, vagando en mi sangre llevo tus enredos y en mi locura más grande tu desenfreno.
En todo el cuerpo te llevo, pero ni el viento te trae de regreso, creo que ya es demasiado tarde, para decirte, amor, que te extraño en todas partes con todo el corazón, como droga y veneno, como mirar tus ojos negros, y me pregunto, en dónde estás esta noche de desvelo. 


Descansa en paz hundido en mis ojeras, el principio de tantas rarezas y enredadas letras...

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