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Mostrando las entradas de diciembre, 2019

Entrevista.

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Mi nombre es Joseline Saldaña, tengo veinte años y vivo enamorada de su voz. Me irrita que corte su cabello, que guarde silencio en los peores momentos y que me diga adiós. Quisiera escucharlo roncar mientras duerme, observarlo mientras bebe café y tomar su mano los días que llueve. ¿Me permite? Soy admiradora del cielo en su rostro, de su locura asombrosa y la pasión en su boca. Me gustaría cuidarlo cuando esté enfermo, acariciar su mentón y fusionarnos con un beso. ¿Le gustaría? No puedo evitar mirarlo distraído, me gustan sus muecas y que me susurre al oído. Podría prepararle el desayuno, caminar con usted sobre la acera hasta el inframundo, y hasta podría intentar suturar sus heridas, si usted me deja, le ayudo. Conozco poco la ciudad pero por usted la descubro, podemos recorrer los parques y viajar hasta el cielo, no se preocupe, yo me las arreglo para que usted sienta que junto a mí puede acariciar las nubes con la punta de los dedos. ¿Acepta? Voy a besar su espa...

Carta de renuncia.

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México. Diciembre 10, 2019.  A quien corresponda: Por medio de la presente le comunico que, por convenir así a mis intereses particulares, he resuelto dar por terminado, voluntariamente, el contrato que me unía con usted. Renuncio a sus abrazos cálidos de media tarde en donde su cuerpo cobijaba a la perfección mis huesos y mi oído quedaba justamente a la altura de su pecho para escuchar latir su corazón en silencio. Renuncio a su risa escandalosa que retumbaba en las esquinas de nuestros espacios huecos. Renuncio al lunar más cercano a su boca que me provocaba siempre ganas de desgarrarle la ropa. Renuncio a sus manos tibias que calentaban las mías cuando la noche nos alcanzaba entre árboles y premisas. Renuncio al color de sus ojos atravesando mis murallas y averiando mis cerrojos para llevarse los despojos de un amor añoso que me dejó en ruinas. Renuncio a sus besos fugaces que nunca concluyeron en mi cama en primavera, a su distracción, a su dolor, a su eterno e incansable...

Amuleto.

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Conocí a un chico con ojos de miel y labios perlados, el verano vivía en su piel y el sol en sus manos.  Este chico me regaló un corazón nuevo con forma de amuleto, que acostumbro llevar a todos lados, muy muy dentro. Puedo jurar que veía el amanecer en sus pupilas y la vida se me iba cada vez que sonreía.  Recuerdo la forma de sus cejas y la profundidad de sus heridas; yo estaba muerta, pero cuando él se acercaba, yo sentía que revivía.  Compartimos pocos días del invierno nuevo, yo moría de frío y él me regalaba el cielo.  Era un ángel vestido de negro, lleno de miedos y sueños inmensos.  No creía en el amor, ni en los besos sinceros, pero a mí me enseñó a querer sin remedio. Ahora pienso en su boca cada vez que camino, imagino que mi rostro toca y me roba suspiros. Cuando miro la Luna lo imagino durmiendo, cuando escucho cómo el viento sopla, lo imagino volviendo. Fue un amor fugaz, pero eterno, de esos que roban más sueño que besos, de los q...