La despedida.
Me dejó cuando más enamorado estaba yo de su sonrisa. Me arrancó de su vida como si fuera la hoja jaspeada de la tarea de un niño de primaria; se deshizo de mí como se deshace uno de lo inservible, de lo viejo, de lo que ha dejado de querer. Me dejó parado en medio del olvido, me dio la espalda y fingió que nunca habíamos existido. Floreció con alguien más y en otros sitios, sonreía como si jamás me hubiese conocido, como si lo nuestro para ella no significara nada. Me enterró, me hundió, me esclavizó en el abismo. Y mientras más tiempo pasaba, yo me sentía más perdido. Podía ver cómo el amor de mi vida me abandonaba sin pronunciar una sola palabra, sin hacer un gesto, sin lanzarme aunque fuera un susurro que me dijese que no era cierto, que sólo era un sueño; se colaban entre mis dedos nuestros recuerdos de verano y mi alma se desmoronaba esperando que regresara, que se quedara, que me dijera que podíamos seguir intentando. Cuando comía, saboreaba sus labios en cada bocado y term...