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Mostrando las entradas de marzo, 2017

Estaba.

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Estaba enamorado de su piel aterciopelada y su cabellera siempre enmarañada.  Sus labios dibujaban el paraíso, y estando a su lado me sentía al borde de un precipicio.  Me gustaba su voz tan angelical que me hacía siempre volar.  Cuando comenzaba a nevar bajo su pecho, ponía mi boca sobre su cuello y escuchaba lentamente su infalible aliento llenándome de paño el torso a besos.  Estaba enamorado de ella y de su cintura que refugiaba la primavera oscura; sus piernas eran temibles, me enredaban a ella de forma terrible, pues entre aquellas dos dulzuras escondía su increíble locura.  Bebía café de su ombligo, y mientras deslizaba mi oído, podía escuchar su canción de Domingo.  Era un pirata enamorado de su cuerpo, y con cada beso me perdía entre sus huesos; siempre que observaba su rostro descubría un defecto poderoso, pero irremediablemente me volvía su esclavo misterioso.  Me tenía hechizado de pies a cabeza, y cuando le apetecía me ataba las ma...

Marzo jodido.

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Este Marzo loco que me desgarra las bragas para decirme "todo estará bien", mientras me hace el amor bajo la luz de la inconmensurable luz de la luna, la que me vuelve perenne y poeta medio incompleta, la que me da jarabe de crepúsculos y me entierra poquito a poco las garras en la cintura, pinche Marzo, cada vez me jodes más. Y lo digo mientras estoy escuchando las manecillas del reloj girar sin compasión, lo digo mientras las farolas parpadean al sentir al viento recorrerles las lágrimas y secándoles las memorias que se vuelven inertes a cada segundo. Lo digo cuando más sola estoy, cuando el Domingo llegó y me azotó el corazón. Cuando no sé si el horario de verano le agrega o le quita minutos al reloj. Marzo siempre trae lo que creíste perdido alguna vez, por eso escribo en Marzo, para vez si a caso te trae bajo el brazo. Para el Marzo más viejo que he conocido: Oye Manolito, ¿te acuerdas de mí? No he dejado de pensar que algún día volverás; que me arrancarás el so...

Inmarcesible.

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Estoy rota y soy pétalos marchitos; me duelen las raíces y me sangran las hojas. No soy flor ni árbol, o césped o nenúfares; soy persona con cicatrices y una herida reciente de aquí a la eternidad. Digo adiós muy seguido, pero mis alas siempre me hacen volver. El tiempo es mi amigo y juntos escribimos cartas de amor, nos duelen las letras y nos late la pasión por ellas en las manos. A veces, cuando ya es de noche y las lunas nos acompañan, nos tiramos en la cama y perdemos la razón, pero el dulce olor de la esperanza, siempre nos lleva de vuelta a casa. Nos gusta mirar la lluvia caer despacio, nos da miedo el fuego y los insectos raros, estamos enamoradas de una persona que es fugaz, somos margaritas marchitas bajo la luz de la soledad. Hoy, como cada día que llueve, estoy rota; mi corazón se ha detenido, y aunque sigo respirando, me persiguen los recuerdos. Soy tan fría como los glaciares, pero debajo de mi pecho se esconde todo el tiempo, en segundos y mitades de ellos, se me caen...