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Mostrando las entradas de enero, 2015

Domingo.

Ha llegado la hora de decirte adiós, ha llegado la hora de dejarte, amor. Fue un placer haber estado contigo cada día y tener esas maravillosas e inugualables ciento cincuenta y seis citas. Cuatro años, corazón, cuatro años de ilusión, de esperanzas y locuras amargas, hasta el día de hoy, en que escribo esto, mil cuatrocientos cincuenta y dos días de interminables esperas, de señales y fracasos, días grises y morados.  Y aún sigo aquí, esperando encontrarte al andar por la calle, y todavía anhelo sentirte cerca, pero probablemente esta noche sea la última, y temo, temo que te vayas y no vuelvas más, temo no encontrarte en estos ocho días, temo perderte para siempre y romperme en mil pedazos si te vas.  Te espero todavía, mientras se me acaba la última taza de queda-té.  Finitos días y aún no sé tu nombre; muchas noches y todavía no veo tus ojos enormes.  ¿Existes?, ¿estás?, ¿te quedas o te vas? ¡Oh, cariño mío, no sé qué pensar! Veneno letal extr...

Cementerios bajo los ojos.

Imagen
Debajo de mis ojos soñolientos, existen dos oscuros laberintos, en donde descansan en paz tus restos, los restos del hombre que alguna vez amé. Clavadas se encuentran tus miradas tibias en estas oscuras pupilas dilatadas, y perdidas se encuentran tus caricias alrededor de mi piel opaca.  Cargo en mis pies tus palabras vanas, congeladas porque jamás sentiste nada. Y en mis brazos sostengo la mentira más amada. En mis oídos descansan tus sueños, miedos y anhelos; palabras inundadas de extrañez amarga. Mis uñas guardan la pasión desenfrenada. Las palmas de mis manos sostienen tus ausencias en las noches mojadas. Y mi boca contiene el veneno de tu sonrisa agraciada. Mis cejas resguardan tus singulares versos, los que me escribías mientras nos devorábamos a besos.  Mis hombros aguantan mañanas cansadas que pasamos juntos, mientras preparábamos el desayuno oportuno. Mis labios partidos tienen días sin frenesí, en los que expulsamos moléculas que nos trajeron locura en...