Ven.

Enrédate de mis brazos de serpiente y húndete en mis besos de arco iris. Tócame la piel con la misma delicadeza con la que besas las cicatrices de mi corazón; aférrate a este cielo nocturno que no sabe pedir perdón. Húndete en mi pecho con sabor a soledad, piérdete en mi vientre que te suplica que no te alejes más. Y prende las luces de la ciudad que se ha quedado tan vacía desde que no estás. Conviértete en el milagro que anhela esta biblia sin sentido, vuélveme prostituta de tus manos, recorre con tu lengua mi alma y no dejes que mi oscuridad apague las velas de tu pasión. 

Eres grande, como las montañas y la nebulosidad de este laberinto de adioses en el que no encuentro el tuyo. En este bosque de perdición en donde las hojas permanecen intactas, como tu recuerdo, te encuentro pintado en las paredes de la luna, que ilumina con pulcritud los lunares de tu memoria. Enciéndele fuego a la remembranza de nuestros días de lluvia bajo las sabanas y sobre los tobillos. Y no te rindas si no me encuentras, porque seguramente estoy escondida bajo el vestido de Abril, tan inmenso y desolador, que terminó marchitándonos las raíces de este amor.

No temas, las pesadillas no escapan de la utopía, no pueden alcanzarnos los piratas ni las sirenas que se refugian en ellas; aquí no hay finales felices y los cuentos de hadas están pasados de moda. Te prometo una dosis de amor nocturno, acompañado de una taza de café hirviendo y besos sin miedo, hasta que nos ardan los labios y las almas de tanto querernos. 

Ahora que la lluvia nos ha alcanzado, quédate en mi habitación que necesita de ti; líate de mis alas que todavía no crecen, y haz que aparezcan flores en mi colchón. Prendamos la radio a media noche y dejémonos envolver por la vehemencia. Susúrrame al oído que me has extrañado tanto como yo a ti; y que se vaya al infierno la cordura que nos queda. Que nos enfunde la carretera mientras viajamos al lugar de ensoñación; que se mueran de envidia todas las novelas románticas, que fallezcan los poetas y que se extingan las musas; que no vuelva a salir el sol; que se derritan los soñadores;  que se termine la esperanza; pero que al abrir los ojos; todavía me quedes tú. 

Ven, agárrate de los que puedas, de mi piel, de mis huesos, de la ausencia que tengo de ti.

Que no te vayas,
y si te vas,
que no me dejes 
sin 
ti.







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