Deuda.
En mi corazón habita todavía un amor, no paga renta, ni cable, mucho menos luz. Tiene el cabello castaño y los ojos sabor chocolate, algunos lunares adornan sus pieles, sus labios pasteles son rosas crueles, y el alma la tiene transparente. Toma vino tinto cada vez que puede, es malo deshaciéndose de los corchos y las tristezas; tiene treinta cicatrices y dos mil años, nació con el Sol y se esfuma con la salida de la Luna. No tiene nombre, pero sí una adicción, le gustan las niñas con olor a pasión; escucha música triste cuando está feliz, y la locura lo invade cuando amanece sin sonreír. Se mira al espejo para acomodarse el cabello, maneja un auto color amarillo, y en las noches de locura escapa en su motocicleta hasta la consumación. Tiene las cejas doradas y en sus pestañas habita el invierno, no le gustan las charlas largas, aprecia el silencio. En mi corazón habita todavía un amor, él escribe poesía en la eterna madrugada, se desvela sobre cuerpos en diferentes camas; nadie le...