La última vez.
Dicen que siempre duele más decir adiós cuando quien se va no te explica por qué lo hace, cuando te dejan esperando el día entero por un mensaje, una llamada, una señal, algo que te haga entender por qué se van y no volverán. ¿Cuántos días llevamos lejos? Es que ya perdí la cuenta. Ya no soy más que una silueta que deambula por los pasillos de esta casa tan vacía sin ti; a veces me pregunto si todavía existo, si soy más que una sombra proyectada en las paredes o si me he convertido en un maniquí. Todo el día pienso en ti. Mi vida entera es ya una rutina: despierto, tú, observo el techo, tú, la ducha, tú, el desayuno, tú, abrir la ventana, tú, regar las plantas, tú, la comida, tú, el atardecer, tú, leer un poco, tú, cafeína, tú, cerrar la ventana, tú, la cama, tú, insomnio, tú, el sueño, tú. He olvidado cómo se siente la vida sin ti. Es curioso hablar de esto, sabiendo que nunca te tuve y aun así puedo sentir que te perdí. Aquí adentro se siente como un incendio que no puedo ...