Alzheimer.
Hace ya mucho tiempo que te fuiste, he perdido la cuenta de los días que han pasado, he brindado en tu ausencia y te he llorado, las peonias que plantamos juntos se marchitaron y desde entonces no me he atrevido a mirar el amanecer ni a soltar el pasado. No quiero decir que me estoy aferrando a lo que sentí alguna vez a tu lado, pero para ser honesta no te he borrado. Camino por las calles de vez en cuando, y no existe algo que no me arrastre de vuelta a ti. Cuando alguien me pregunta a dónde te has marchado, finjo demencia y callo, pretendo que no he escuchado y me alejo de allí. Te encuentro sin buscarte en los rostros ajenos, en las muecas de la gente y los lunares en sus rostros, imagino tu sonrisa debajo de distintos ojos y recuerdo tu cuerpo cuando veo danzando a otros. A veces siento que ya sólo eres eso, una recopilación de extraños, te he recreado en tantos torsos que ya casi te desconozco. A menudo me pregunto si de verdad existes o si sólo te he inventado, quisiera creer que...