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Mostrando las entradas de agosto, 2018

Inventario.

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Conseguí un nuevo empleo en una tienda de antigüedades, había de todo: lámparas, sombreros, relojes, percheros, fruteros, portarretratos, llaveros, y un muchacho. Lo que más me gustaba de mi nuevo empleo era el silencio, porque es el lenguaje que mejor hablo. La mayor parte del día sólo escuchaba las agujas del reloj deslizarse de derecha a izquierda sin parar, y de vez en cuando el tintineo de la campanilla sobre el mostrador que me hacía delirar.  Cuando entraba alguien en aquel lugar le observaba de principio a fin, buscando en sus ojos ese resplandor al encontrar algo que ni siquiera sabían que podían necesitar.  Las tiendas de antigüedades son uno de mis lugares favoritos, porque están llenas de recuerdos que puedes embolsar para alguien más, no te pertenecen, no te los puedes quedar, son como avecillas que tarde o temprano aprenden a volar. Todos los objetos dentro de una tienda de antigüedades tienen un trozo del alma de su dueño anterior impregnada en sus adentros...