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Mostrando las entradas de septiembre, 2017

Veintidós maneras de decir te quiero.

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Que cuando la lluvia cae del cielo y me preparas el té de limón con hielos, me dices te quiero. Que cuando el sol se refleja en tus ojos, me miras de pronto y sonríes sincero, me dices te quiero. Que cuando me dejas el último dulce con sabor a cerezo, me dices te quiero. Que cuando me das un beso que dura más que un momento, me dices te quiero. Que cuando la lluvia empapa mi cuerpo y me cubres con tus huesos, me dices te quiero. Que cuando el frío invade mis manos y me acurrucas en tus labios, me dices te quiero. Que cuando la música me pone triste en momentos grises y me cuidas con tus brazos, me dices te quiero. Que cuando las flores no crecen en mis sueños y me plantas un bosque entero para impulsar mi vuelo, me dices te quiero. Que cuando los Domingos me llenan de melancolía y me escribes tu poesía, me dices te quiero. Que cuando me escuchas mientras leo y te quedas en silencio, me dices te quiero. Que cuando te quedas a contar la...

La chica.

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HISTORIA 2. Esta es la historia de dos chicos que se enamoraron de una mujer de labios rosados y frías manos. Sus nombres serán resguardados, pero sus corazones no pudieron ser salvados. Ambos tenían dieciocho años, la chica a penas diecisiete fríos inviernos y un palpitar helado. Era tan bella que no podían resistirse, el sujeto número uno le escribía las tardes grises, el sujeto número dos le componía canciones tristes. Su cabello era dorado, el cielo lo llevaba impregnado en los labios. El sujeto número uno le obsequiaba claveles morados, el sujeto número dos chocolates amargos. Tenía una voz angelical, las estrellas pedían deseos al verla pasar. El sujeto número uno la sorprendía con cenas románticas: velas, perfume y un arreglo floral; el sujeto número dos la llevaba a museos, esculpía su retrato mientras la veía jugar. Amaba la lluvia, el sol, el cielo y su inmensidad, a su lado uno sólo podía preguntarse por qué el color podía variar. El sujeto número uno resg...

Buganvilias ausentes.

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Querido amor inefable: Me faltarán cielos rosados y gerberas inmarcesibles para pedirte que te quedes; terminaré de contar las estrellas antes de que dejes de dolerme; los huesos de mis piernas se volverán cenizas antes de que pueda dejar de amarte; las buganvilias marchitarán cuando logres alejarte. No voy a excusarme tras estas letras para decirte que aquel sitio alberga mucho más que a dos niños soñando con un futuro que siempre será incierto. No intento que me escuches, que me leas o que puedas entenderme: aquella foto data del 11 de Agosto de este mismo año y el chico en el fondo lleva un libro en sus manos. No voy a decirte que no logré amarlo, yo me quedé con el lugar y él con los poemas de mi escritor amado, de mi pasado. Fue tomada un Junio 28 del 2016, cuando el cielo era gris y las lágrimas me cubrían la piel, y desde aquel día, ese fue mi sitio hermoso. Prometí tantas cosas en aquel lugar, mientras miraba a los árboles bailar con tanta intensidad, est...