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Domingos.

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Es Domingo, y los Domingos siempre tienen algo especial. Algunos son más grises que otros, a veces crecen muchas flores en el cielo y en ocasiones las canciones nos marchitan los corazones. Pero es Domingo, y la compañía nos hace bien, no importa si es la visita de los abuelos o de la mascota del vecino a la que estamos cuidando, es Domingo y no importa si cae una tormenta eléctrica en la ciudad o si sale un arco iris repentino que nos conduce a un tesoro lleno de oro y sonrisas platas. Es Domingo, y no importa qué, siempre ocurre un milagro o una maldición. Los Domingos se acompañan con una copa de vino o con un trozo de pan casero calientito. Yo solía acompañar mis Domingos con la soledad, el frío invierno, –que, aunque estuviéramos en plena primavera, aparecía de todos modos– veinte tazas de té verde y mucha literatura. Hace no mucho tiempo, conocí a alguien que hizo que todos los días de la semana parecieran Domingo. Las estrellas salían a las ocho de la mañana y todo, absolutament...