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La herida.

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Te lo confieso, hoy volví a pensar en ti. Sucede que hay heridas que nunca cierran, aunque se desvanezcan de la piel y dejen de doler, quedan expuestas a los recuerdos y a la esperanza del regreso. Y hoy volví a pensar en ti. Te metiste en mis recuerdos matutinos, porque desperté y la boca me sabía a tu nombre, al último beso entre nosotros, al millar de te quieros que nos dijimos y las promesas que nos hicimos.  Me fui a la ducha para arrancar de mi cuerpo la ausencia de tus caricias, pero en cada gota tibia sólo podía pensar en tus manos frías, como si mi piel tuviera memoria y fuera incapaz de extirpar por completo lo que siempre fue tuyo pero nunca fue nuestro; y sentí que me ahogaba entre inmensas olas de soledad que nunca supe cómo desclavar desde adentro. Luego vino el desayuno y el café con olor a ti me hizo pensar en el color de tu pelo, en los lunares en tu pecho y deseé terriblemente un reencuentro. Te diría tantas veces que te quiero, que el invierno no ha acaba...